Sincronía Otoño 2006


Una programa de desarrollo educativo sustentable

Cruz García Lirios

Universidad Autónoma del Estado de Morelos


Resumen

Las variables que promueven el auto didactismo, serán explicadas a partir de una teoría en tres fases. En la primera, se establecerá la validez y confiabilidad de los instrumentos que medirán: (1) situación micro educativa, (2) creatividad estudiantil, (3) motivación escolar, (4) conocimientos académicos, (5) habilidades computacionales y (6) difusión de innovaciones. Se modelarán las variables y se probará su ajuste a los datos reales. Se esperará que la situación micro educativa determine indirecta, positiva y significativamente la promoción de soluciones a través de la asociación de elementos y la maximización de identidad. En la segunda fase, se diseñará, aplicará y evaluará un sistema de optimización.

Descriptores; Situación, creatividad, motivación, conocimientos, habilidades y difusión de innovaciones.

1. Delimitación del problema

El impacto de las tecnologías de información y los medios masivos de comunicación sobre el comportamiento humano ha sido moderado y mediado por tres entidades:

El Estado y sus correspondientes políticas públicas ejecutadas por sus correspondientes instituciones, estudiados principalmente desde la sociología, la economía y la ciencia política (Aragonés, Raposo e Izureta, 2001)..

Las comunidades y su correspondiente innovación, autogestión y transferencia de información, estudiados desde las ciencias de la salud, la antropología, la sociología y la psicología (Jiménez, 2002).

Los individuos y sus correspondientes percepciones, valores, creencias, motivos, conocimientos, actitudes, habilidades, competencias, conductas y participación estudiados desde la psicología y la economía (Bustos y Flores, 2000).

Un recorrido socio histórico económico y político de las problemáticas (crisis económicas por efectos dominó y fuga de capitales, consecuente desequilibrio en la balanza comercial, subsiguiente desempleo, subempleo, desocupación, consiguiente saturación de basureros y contaminación de los mantos acuíferos) que se manifiestan de 1960 a la actualidad, demuestra la moderación y la mediación del Estado en el impacto del Crecimiento Económico sobre la naturaleza y la humanidad. Se evidencia la necesidad de una Política Económica ajustada a una racionalidad ambiental para conservar la estructura de poder económica, política y social. Se hace imprescindible la necesidad de innovar, modelar, analizar y predecir un comportamiento que gestione una Política Económica para garantizar satisfactores básicos tales como salud, empleo y educación, la explotación estratégica de los recursos naturales, la transferencia de tecnología a las comunidades y a las generaciones venideras (Carrillo y González, 2000).

Es decir, la situación de escasez de recursos naturales determina dos acciones: una individualista y otra comunitaria.

La política económica en tanto instrumento de poder ejercido por el Estado moderno favorece una conducta desfavorable hacia el medio ambiente y la humanidad. La historia de la formación de dicho Estado moderno, tiene dos vertientes: la primera indica que el Estado ha sido una entidad que regula y hace compatibles los intereses humanos, la segunda vertiente denuncia que el estado ha sido un instrumento para ejercer el poder político y económico. El ejercicio de dicho poder se ha centrado en la explotación, deterioro y extinción tanto de los recursos naturales como de los recursos humanos. En tal sentido, El Estado no debe reducirse a alguna de estas funciones, debe ser lo suficientemente conciliatorio para retardar la extinción de la biodiversidad y con ella la muerte de la humanidad como la conocemos hasta hoy (Leff, 2004)..

Debido a la racionalidad orientada al progreso, en América Latina, la sobreexplotación, contaminación, destrucción, escasez y extinción de los recursos naturales (agua, petróleo, gas y electricidad), así como la desocupación, el desempleo, el subempleo, la abismal diferencia en el ingreso entre ricos y pobres, el aumento de la deuda tanto externa como interna, sus correspondientes altas tasas de intereses y la inflación permanente, son resultantes de cinco modalidades de política económica; estabilizadora, conciliadora, ortodoxa, heterodoxa y neoliberal determinadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

Macro económicamente, los supuestos teóricos del monetarismo planteado por Milton Friedman y el intervencionismo fundamentado por John Maynard Keynes son los principales argumentos de la política económica en América Latina.

Los monetaristas plantean que el libre juego de las fuerzas del mercado establece una economía próxima al pleno empleo y la intervención del estado se debe reducir a lo mínimo posible: en esencia, a controlar estrictamente la cantidad de dinero. Es decir, las economías tienden a largo plazo hacia el pleno empleo de los recursos productivos y el gasto público debe limitarse en lo posible para equilibrar el presupuesto público anualmente. En contraste, los Intervencionistas sostienen que el estado mediante una política fiscal debe estabilizar la economía, ante una recesión motivada por una demanda agregada insuficiente. El sector público debe intervenir manipulando los gastos y los impuestos. Por lo tanto, el presupuesto se debe equilibrar cíclicamente.

En tal sentido, la política económica ha oscilado entre la prevención, evitación y auspicio de la estabilidad de precios y el crecimiento económico, la conservación de una estructura económica, política y social mediante el ejercicio, regulación y control del poder, así como la comprensión y explicación de los determinantes sociales. La política económica se ha planteado como centro y mecanismo de decisión para destinatarios sociales con objetivos determinados.

En este sentido, los procesos educativos de enseñanza aprendizaje se han explicado a partir de una psicología cognitiva en la que se establece la relación entre los valores, las percepciones, las creencias, las actitudes, los motivos, las habilidades, la creatividad, las competencias, las intenciones y los comportamientos deliberados (Farr, 2005).

De este modo, las variables cognitivas explicarían la relación entre los determinantes de un proceso de enseñanza–aprendizaje deliberado. En contraste, los factores afectivos describirían los procesos didácticos improvisados (ver esquema 1 en el anexo).

Ambos procesos, serían esenciales para sostener más un desarrollo que un crecimiento educativo.

El desarrollo educativo implica afectos que activarían cogniciones. Los individuos, los grupos, las sociedades y las culturas desarrolladas educativamente exploraron, comprendieron y construyeron descripciones de si mismas como parte de un entorno omnipotente. Son entidades que conservaron el equilibrio entre sus necesidades y la disponibilidad de los recursos naturales.

En contraste, el crecimiento educativo se sostiene a partir de la necesidad de controlar los procesos naturales que afectan directa o indirecta, negativa o positiva y significativamente al comportamiento humano. Es así como la explicación, la predicción y la intervención en el entorno, son esenciales para la humanidad actual y futura. Este tipo de ciencia explicativa–predictiva y tecnología interventora es la suma de cogniciones: razonamientos y planificaciones sistemáticas.

En efecto, la humanidad es parte de un entorno, ha explicado más que explorado, y ha modificado más que conservado, los efectos de lo natural sobre lo humano. En consecuencia, el crecimiento educativo pudo haber sido determinado por un proceso auto didáctico.

El auto didactismo implica cogniciones determinados por situaciones en las que se influyen los grupos.

Por lo tanto, el auto didactismo tendría su origen en la afectividad y la cognición determinaría el trabajo en equipo (optimización, eficiencia, eficacia e innovación) como la cúspide del crecimiento educativo.

2. Conceptuación del problema

A partir de la aproximación sustentable se advierte sobre la necesidad de crear una teoría general de los sistemas (ver la tabla 1 en el anexo).

En este sentido, cuatro entidades con sus propiedades correspondientes han sido pertinentes: microsistema (interacción de los subsistemas); mesosistema (interdependencia entre los sistemas), exosistema (contingencias sobre los sistemas) y macrosistema (alianzas de los sistemas) (Montenegro, 2004a).

En tal sentido, las aproximaciones más pertinentes para describir y explicar la relación enseñanza–aprendizaje difundida mediáticamente como sistem educativo, son:

Teoría Universal de Valores. A partir de un análisis de necesidades personales, establece una jerarquía de principios y prioridades derivadas de un grupo de referencia (Arciniega y González, 2000).

Teoría de la Probabilidad de la Elaboración. Vislumbra dos rutas de decisión por parte de los receptores de un mensaje mediático: central y periférica. En la primera los receptores razonan los contenidos de los mensajes a partir de sus necesidades de información. En contraste en la ruta periférica, los receptores orientan sus decisiones a partir de heurísticos (Pallí y Martínez, 2004).

Teoría de la Comparación Social. Supone que las personas construyen una realidad favorable a sí mismas y a sus puntos de vista. Es decir, juzgan sus comportamientos en función de lo que hacen o dejan de hacer grupos endógenos y exógenos para entender su situación y justificar o derivar conductas congruentes. En suma, las personas se imaginan cómo son, actúan y piensan grupos reales o ficticios para compararse. (Feliu, 2004).

Teoría de la Identidad Social. Establece la adhesión a un grupo endógeno cuando el receptor se identifica con las normas y esta de acuerdo en llevarlas a cabo. Antes bien, cuando dichas normas son percibidas como injustas y cuestionables, la adhesión será hacia un grupo exógeno. A partir de un análisis de identificación con un grupo endógeno y diferenciación con un grupo exógeno a través de la percepción personal de desigualdades, establece la legitimidad de pertenecer a un grupo de referencia (Moral, Canto y Gómez, 2004).

Teoría de la disuasión. A partir de un análisis de costos y beneficios derivados por acciones personales, establece la probabilidad de recibir una sanción por incumplimiento de la norma de un grupo de referencia (Oceja, Fernández, González, Jiménez y Berenguer, 2001).

Teoría del Juicio Social. Plantea que las actitudes hacia una situación social están polarizadas porque los receptores de mensajes mediáticos, tratan de estar al tanto de la información para reforzar o cambiar sus actitudes hacia la situación social. Esto propicia la aparición de líderes de opinión que influirán tanto en las actitudes como en los comportamientos de los receptores de información a través de la televisión, la radio o el Internet (Pallí y Martínez, 2004).

Teoría del doble flujo. Sostiene que la percepción de una situación social conlleva una carga afectiva que determina la búsqueda de información en Internet sobre dicho evento social. Precisamente, serán los correos electrónicos y los foros de charlas, los principales espacios en los que surgirán líderes que influirán en las decisiones de los receptores mediáticos. Se gesta un cambio de opinión pública y participación ciudadana indicada por marchas, plantones, mítines y confrontaciones con las autoridades (López y Martínez, 2005).

Teoría de la Contingencia. En torno a la influencia del líder, los receptores se ajustarían más a sus opiniones que a sus competencias y comportamientos mediáticos. Es decir, los receptores valoran más el grado de persuasión discursiva que de estructuración y aplicación estratégica (Doménech, 2004).

Teoría de la Reactancia. Implica a las personas como selectores de mensajes con base en su percepción de seguridad amenazada y su necesidad de control de una situación social (Pallí y Martínez, 2004).

Teoría de la Unicidad Comunicativa. Explica la discrepancia entre lo que las personas dicen y sus conductas no consecuentes. Es decir, los receptores declaran que están conscientes de la influencia de los medios masivos de comunicación, sin embargo, consideran que sus opiniones se derivan de otras fuentes diferentes de información tales como libros, revistas, conferencias (López y Martínez, 2005).

Teoría de la Inoculación. Argumenta la motivación de los receptores para defender o elaborar un argumento que mantenga, equilibre o produzca una actitud hacia la situación expuesta en los medios masivos de comunicación (Pallí y Martínez, 2004).

Teoría de la Elaboración del Conflicto. Explica la influencia de una minoría exogrupal a través de sus significados en torno a una situación social. Dicha influencia, se acentúa cuando el conflicto se amplifica impactando a otros grupos minoritarios (Feliu, 2004).

Teoría de la Movilización de Recursos. Agrupa los elementos más importantes de un movimiento deliberado, estructurado y sistemático en la optimización, eficiencia, eficacia e innovación grupal. Dichos elementos son más publicitarios que propagandísticos, más económicos que culturales (Javaloy, 2003).

Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales. Refleja los actos simbólicos de grupos ecologistas, humanistas o progresistas que han sido determinados por imágenes más que por estadísticas o discursos. Dichas imágenes son a su vez utilizadas para propiciar un conflicto en primera instancia y un cambio en minorías más que en mayorías (Doménech, 2004).

Teoría de Campañas Persuasivas. Evidencia el impacto deliberado de los medios de comunicación en la construcción social de las protestas al legitimar o deslegitimar los movimientos sociales (Javaloy, 2003).

Teoría de los movimientos contemporáneos. Identifica un punto de retorno de los movimientos en torno a los efectos del crecimiento económico en las regiones y comunidades. Los grupos globalifóbicos representarían dicho punto de retorno al oponerse a los discursos que legitiman la inversión privada en los servicios públicos (Montenegro, 2004).

Consecuentemente, las discrepancias que explican estas teorías serán procesadas en cuatro fases (Mithaug, 2000).

Definición de un problema a partir de las discrepancias entre lo que se conoce y lo que se desconoce en torno a un evento o situación.

Enfoque de la información perdida que puede explicar las discrepancias.

Búsqueda de información y explicaciones construidas que cambien la condición desconocida hacia una conocida evaluando la credibilidad de la explicación construida y la validez, confiabilidad y utilidad de la nueva teoría.

Replicación de la estrategia de los cuatro pasos en la eliminación de otras inconsistencias entre la nueva teoría y las creencias existentes.

De este modo, a continuación se fundamenta la pertinencia de seis variables: (1) situación micro educativa, (2) creatividad estudiantil, (3) motivación escolar, (4) conocimientos académicos, (5) habilidades computacionales y (6) difusión de innovaciones.

Esencialmente, los motivos escolares son las razones que tienen las personas para llevar a cabo un comportamiento ante una situación determinada.

La motivación puede ser extrínseca como la maximización de beneficios esperados por solucionar un problema y puede ser intrínseca como la maximización de satisfacciones por solucionar necesidades.

Estos tópicos permiten definir los motivos escolares como las razones extrínsecas e intrínsecas para solucionar necesidades autodidactas .

Teóricamente, existen razones que llevan a las personas a realizar innovaciones que solucionen problemas. Empíricamente, se puede observar que los motivos son la variable que más ha determinado al comportamiento humano. En consecuencia, su inclusión en el modelo teórico, es fundamental.

Los conocimientos académicos han sido definidos como aseveraciones verificables en torno a información relacionada con una situación determinada

A pesar de la escasa evidencia empírica, los conocimientos son un variable que puede transmitir los efectos de una situación micro educativa. Por lo tanto, esta variable se incluye en el modelo teórico.

3. Modelación del problema

La estructura de un modelo se establece a partir de la formula: Parámetros totales de un modelo = parámetros de varianzas y covarianzas de los constructos exógenos + parámetros de varianzas y covarianzas de las perturbaciones de las trayectorias + parámetros de efectos directos e indirectos sobre los constructos endógenos (ver la tabla 2 en el anexo).

Un proceso moderador es definido como la fragmentación de los efectos directos de un grupo de dos o más entidades independientes sobre una entidad focal dependiente. Es decir, el efecto de una entidad independiente sobre una entidad focal dependiente disminuye o aumenta en función de la relación de una tercera entidad independiente con la primera entidad independiente. Dicho proceso moderador nos permite establecer cuándo ocurrirán los efectos expuestos (ver el esquema 2 en el anexo).

En el proceso moderador están incluidas tres condicionantes:

La entidad A debe estar directa y significativamente relacionada con la entidad C.

La entidad A no debe estar alta y significativamente relacionada con la entidad B.

La entidad B debe estar directa y significativamente relacionada con la entidad C.

En tanto, un proceso mediador es definido como la transmisión de los efectos de un grupo de entidades independientes sobre una entidad focal dependiente. Dicho proceso mediador devela cómo y por qué ocurren los efectos expuestos (ver el esquema 3 en el anexo).

En el proceso mediador están incluidas tres condicionantes:

Las entidades A y B no deben estar directa y significativamente relacionadas con la entidad C.

La entidad D debe estar directa y significativamente relacionada con la entidad C

Las entidades A y B deben estar alta y significativamente relacionados con la entidad D.

Cabe señalar que los procesos moderadores son más frecuentes que los procesos mediadores. Por consiguiente, se exponen a continuación ambos procesos moderadores y mediadores en una notación estructural (ver el esquema 4 en el anexo).

4. Evaluación del problema

¿Será directa, positiva y significativa la relación causal entre las variables que explicarán el impacto de la situación micro educativa sobre el comportamiento humano?

¿Cómo podrá promoverse un sistema de optimización creativa?

¿Cuáles serán las principales diferencias pre post intervención?

4.1 Sujetos

Se seleccionarán 500 estudiantes 300 en la confiabilidad y validación de los instrumentos que medirán las diez variables, 100 en la prueba de ajuste del modelo y 100 en la aplicación y evaluación del sistema competitivo.

4.2 Variables

Situación micro educativa. Grado de escasez e irregularidad de información.

Creatividad estudiantil. Es un sistema en el que la divergencia, la asociación y el enlace de los componentes de una entidad o proceso, son implementados en la solución de una necesidad específica.

Motivación escolar . Son las razones extrínsecas (maximización de beneficios y minimización de costos) para solucionar necesidades determinadas.

Conocimientos académicos. Son criterios para llevar a cabo una conducta a partir de información verificable.

Habilidades computacionales. Son estrategias para diseñar una innovación y simular su la aplicación ante un problema o necesidad identificada.

Difusión de innovaciones. Es la propensión a identificar un problema y proponer su correspondiente solución.

4.3 Hipótesis

La situación micro educativa determinará indirecta, positiva y significativamente la promoción de soluciones a través de la asociación de elementos y la maximización de identidad.

4.4 Objetivos

En la primera fase, se construirán y se establecerá la confiabilidad y validez de los instrumentos que medirán las variables. Se modelarán y se demostrará la verosimilitud del ajuste de las relaciones causales indirectas y directas, negativas y positivas, y significativas entre las variables mediante análisis de ecuaciones estructurales.

En la segunda fase, se diseñará, aplicará y se evaluará un sistema para incrementar la competitividad con una muestra de 100 estudiantes elegidos de forma aleatoria.

4.5 Instrumentos

Ahora bien, para la construcción, posterior confiabilidad y subsiguiente análisis de trayectorias de los instrumentos que medirán las variables, se seguirán las ocho fases siguientes para establecer relaciones causales entre las escalas que miden las variables.

· Delimitación de la variable que se quiere medir (Kerlinger y Lee, 2002).

Ø Conceptuación; definición y relación con otras variables.

Ø Generalidad y especificación en el contenido contextual.

Ø Asignación de un número a un atributo de un objeto a partir de condicionantes.

Ø Coherencia en la selección de indicadores.

· Generación de un grupo de reactivos (Manzano y Braña, 2003).

Ø Procuración de que cada reactivo mide un rasgo o atributo de la variable.

Ø Selección de reactivos que reflejan el propósito de la escala. En tal sentido se define el tipo de escala: absoluta en la que el sujeto indica su preferencia ante un solo estímulo o comparativas en la que se le pide al sujeto que indique su preferencia ante muchos estímulos.

Ø Evitación de conectivos excesivos en el reactivo.

Ø Número de reactivos proporcional tres o cuatro veces más a la escala final.

Ø Combinación de reactivos con un sentido positivo y negativo.

· Determinación del formato de medición (Corral, 2002).

Ø Especificación de las opciones de respuestas.

Ø Indicación del tiempo aproximado de respuesta.

· Revisión de la escala inicial por expertos.

Ø Homogeneización de los jueces en cuanto a experiencia, estructuración y características individuales.

Ø Detección de sesgos a través de varias evaluaciones.

· Inclusión de reactivos validados.

· Piloteo de reactivos para desarrollo de una muestra.

· Evaluación de los reactivos. Mayor variabilidad de los datos equivale a una mayor confiabilidad.

Ø Revisión inicial de las respuestas a los reactivos.

Ø Codificación reversa de los reactivos con un sentido negativo.

Ø Selección a partir de medías y varianza de los reactivos.

Ø Confiabilidad; correlación reactivo–escala.

· Optimización de la longitud de la escala.

Ø Efectos sobre la confiabilidad

4.6 Procedimiento

Para establecer la confiabilidad de los instrumentos que miden las variables del modelo:

Para establecer la verosimilitud del ajuste del modelo a los datos reales, se realizará con 100 estudiantes seleccionados de un modo aleatorio.

A partir de este diagnóstico, se elaborará un sistema de optimización creativa que se aplicarán en una muestra aleatoria de 100 estudiantes.

5. Análisis del problema

Se suprimirán los reactivos contestados con una sola opción de respuesta y aquellos en los que se contestó pocos reactivos. Se calculará su confiabilidad mediante la técnica estadística de alfa de Cronbach (Auxiliadora y Manera, 2003).

Se realizará una transformación monotómica que consistirá en sumar o multiplicar una constante sin alterar la distancia entre una variable y otra para estandarizarlas y se seleccionará a aquellos reactivos que tendrán una distribución de kurtosis entre -.5 y .5 para evitar que sus datos fuesen negativos e inferiores a la media o bien, para evitar que sus datos fuesen positivos y superiores a la media. También se seleccionará a aquellos reactivos con un sesgo entre -.3 y .3

Se estimarán coeficientes de correlación (r) entre cada variable, se identificará el grado de asociación indicado por los valores altos o bajos de una variable que se relacionarán con los valores altos o bajos de otra variable.

Se estimará el coeficiente de correlación múltiple (R) el cual indicará la medida del grado de exactitud de la predicción (efectos exclusivos del predictor sobre el criterio) oscilando entre -1 hasta +1.

Así mismo, el coeficiente de regresión (B/ß) el cual indicará la influencia que cada predictor tendrá sobre el criterio. En tal sentido, el análisis de trayectorias se utilizará para establecer las relaciones causales, moderadoras, mediadoras y no causales entre variables y errores de medición.

Se elaborará un modelo de medición y un modelo estructural. El modelo de medición planteará hipotéticamente las relaciones causales y no causales entre los constructos exógenos y mediadores, dichas relaciones se orientarán a la predicción de un constructo endógeno. Se calculará la varianza explicada, se establecerán los errores de estimación (Levy, 2003). Dicho procedimiento se planteará en matrices de ecuaciones.

De este modo, los indicadores de un constructo tendrán un aceptable ajuste sobre un factor del modelo siendo los grados de libertad los que identificarán los constructos evaluados por su ajuste.

La evaluación del ajuste se establecerá mediante estimadores tales como; Índice de Ajuste Comparativo (Comparative Fit Index CFI), Índice de ajuste Normado 7.Normed Fit Index NFI) e Índice de Bondad de Ajuste (Goodness of Fit Index GFI). Sin embargo, dichos parámetros sólo indicarán el ajuste global del modelo pero no su significancia. Además un buen ajuste no indicará la parsimonia del modelo, sólo se analizarán las varianzas de las perturbaciones que pueden indicar una relación baja entre variables exógenas y endógenas.

6. Solución del problema

A partir de un análisis de spots se establecen los valores agregados de los productos y servicios publicitarios. Así lo demuestra un estudio realizado por Ruiz y Conde (2002) con una muestra de 305 anuncios estructurados en 18 spots, transmitidos de enero a junio en las televisoras públicas de España. Con base en los postulados de probabilidad de elaboración, los cuales plantean que los mensajes son procesados en la estructura cognitiva y afectiva de las personas orientándose en una dirección racional en la primera y emocional en la segunda, demostraron que el 57% de los anuncios se dirigen tanto hacia hombres como hacia mujeres, 28% están destinados al público adulto, 27% a la familia, 19% a jóvenes y sólo el 1% se dirige directamente al cuidado del medio ambiente. En efecto, el medio ambiente es más un valor agregado de un producto en el que se busca activar emociones más que la reflexión sobre el deterioro ambiental. De este modo, un producto que en su proceso de producción y consumo impide el desarrollo sostenido, es promocionado como una alternativa de solución ante dicho problema (Cadeville, 2004).

A partir de un análisis de espacios se establecen las condiciones necesarias para la toma de decisión. Esto implica (1) mensajes activadores (promteos) en recipientes cercanos a personas que utilizan papelería en exceso, (2) información visual, (3) guías de reciclaje y reutilización, así como (4) información personalizada. Así lo establecen dos estudios. El primero llevado a cabo por Guerra, Maestre y Naranjo (2002) con una muestra de 163 estudiantes de las Islas Canarias en España, demostraron que los paisajes urbanos son los más preferidos. El segundo realizado por Bustos, Montero y Flores (2002) al promocionar la conservación del medio ambiente en tres fases (A, B y A´) incrementándose la separación de residuos en las fases B y A´. De esta forma, la percepción de un problema ambiental es un proceso socio cognitivo básico desde el cual se interviene para orientar un comportamiento favorable al medio ambiente.

A partir de un análisis de contenido y discurso se establecen las competencias determinantes de la toma de decisión. Así lo indica la investigación de Ceballos, Nieves y Batista (2002) con una muestra de 199 estudiantes de primaria y secundaria en Tenerife España, demostraron que la edad y el nivel educativo determinan la argumentación de comportamientos pro ambientales que van de lo simple a lo complejo.

Referencias

Acosta, J. y Montero, M. (2001). Relación entre conducta proambiental y algunos componentes psicológicos en estudiantes mexicanos. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 2, 45-58.

Acuña, M. (2002). Evaluación de las actitudes y percepción ambientales y el locus de control en adolescentes urbanos. Tesis de Maestría, Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México.

Aguilar, J., Martínez, M., Valencia, A., Romero, P. y Vargas, V. (2001). Interpretaciones de factores asociados a la motivación intrínseca. Revista Mexicana de Psicología. 18, 265-272

Aguilar, M., Monteoliva, A. y García, J. (2005). Influencia de las normas, los valores, las creencias proambientales y la conducta pasada sobre la intención de reciclar. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 6, 23-36

Aguilú, M. y Sánchez, E. (2001). El orden social (pp.173-213). En J. Estramiana (coord..). Fundamentos sociales del comportamiento humano. Barcelona: UOC

Ajzen, I. (2001). Nature and operation of attitudes. Annual Review Psychology. 52, 27-58.

Aldama, A. (2004). El agua en México: una crisis que no debe ser ignorada. En M. Villa y E. Saborio, (coord.). La gestión del agua en México: los retos para el Desarrollo Sustentable (pp. 11-31). México: Universidad Autónoma Metropolitana (Iztapalapa).

Amérigo, M. y González, A. (2001). Los valores y las creencias medio ambientales en relación con las decisiones sobre dilemas ecológicos. Estudios de Psicología. 22, 65-73.

Aoyagi, M., Vinken, H. & Kuribayashi, A. (2003). Pro environmental attitudes and behaviors: an international comparison. Human Ecology Review. 10, 23-31.

Aragonés, J., Raposo, G. e Izureta, C. (2001). Las dimensiones del Desarrollo Sostenible en el discurso social. Estudios de Psicología. 22, 23-36.

Arciniega, L. y González, L. (2000). Desarrollo y validación de una escala de valores hacia el trabajo. Revista de Psicología Social. 15, 281-296

Auxiliadora, M. y Manera, J. (2003). El análisis factorial por componentes principales. En J. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 327-360) Madrid: Pearson Prentice Hall

Ayala, I. (2004). Acción ambiental universitaria: el reciclaje como una experiencia de Educación Ambiental. En J. Guevara (ed.). La basura en una perspectiva multidisciplinaria. (pp. 69-86) México: Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

Basar, A. (2000). Risk perception, trust and credibility: A case in Internet banking. Tesis de Doctorado en Filosofía. Londres: London School of Economics and Political Science.

Beltrán, J., Torres, I., Beltrán, A. y García, F. (2005). Un estudio comparativo sobre valores éticos en estudiantes universitarios. Enseñanza e Investigación en Psicología. 10, 397-415

Berenguer, J., Corraliza, J., Martín, R. y Oceja, L. (2001). Preocupación ecológica y acciones ambientales: un proceso interactivo. Estudios de Psicología. 22, 37-52.

Bleichroodt, H., Pinto, J. & Wakker, P. (2001). Mking descriptive use of prospect theory to improve the prescriptive use of expected utility. Management Science. 1498-1514

Botella, M. (2004). La interacción social (pp. 139-182). En T. Ibáñez, (coord..). Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

Breña, F. (2004). Gestión integral del recurso agua. En M. Villa y E. Saborio (coord.). La gestión del agua en México: los retos para el Desarrollo Sustentable. (pp. 39-54) México: Universidad Autónoma Metropolitana

Bustos, J. (2004). Modelo de conducta proambiental para el estudio de la conservación de agua potable. Tesis de Doctorado, Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México.

Bustos, J. y Flores, L. (2000). Evaluación de problemas ambientales, calidad del ambiente y creencias de afectación de la salud. La Psicología Social en México. 8, 445-451.

Bustos, J., Flores, L. y Andrade, P. (2002). Motivos y percepción de riesgos como factores antecedentes a la conservación de agua en la Ciudad de México. La Psicología Social en México. 9, 611-617.

Bustos, J., Flores, L., Barrientos, C. y Martínez, J. (2004). Ayudando a contrarrestar el deterioro ecológico: atribución y motivos para conservar agua. La Psicología Social en México. 10, 521-526

Bustos, J., Montero, M. y Flores, L. (2002). Tres diseños de intervención antecedente para promover conducta protectora del ambiente. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 3, 63-88.

Cadena, E. (2004). Percepción del problema de la basura por parte de la población en el municipio de Nopala de Villagran, Hidalgo. Tesis de Maestría en Ciencias de la Educación Ambiental. Universidad de Guadalajara.

Campos, J., Valdés, P. Y Guzmán, J. (2005). Modelo interactivo–educativo–integral para formar líderes a partir del autoaprendizaje aplicado a estudiantes de secundaria. Enseñanza e Investigación en Psicología. 10, 253-270

Carrillo, G. y González, G. (2000). México los retos del desarrollo económico y el medio ambiente. Reflexiones. 4, 41-52

Castro, M., Romero, L., Borré, C. y Anguiano, A. (2001). Habitabilidad, medio ambiente y ciudad. Ciudades. 51, 10-18

Cevallos, E., Correa, N. y Batista, L. (2002). Competencias argumentativas sobre el medio ambiente en primaria y secundaria: implicaciones para la Educación Ambiental. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 3, 167-186

Cimadeville, G. (2004) Acción mediática y representaciones ambientales. Vías de espectacularización y desconexión. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Comisión Ambiental Metropolitana (2002). Comunicación, participación social y concertación. México: CAM

Comisión Nacional del Agua (2004). Estadísticas del Agua en México. México: CONAGUA

CONAGUA y Semarnat (2001). Programa Nacional Hidráulico 2011-2006. México: CONAGUA–Semarnat.

Consejo Coordinador Empresarial (2000). El desafío del agua en la Ciudad de México. México: CCE.

Consejo Coordinador Empresarial (2001). Eficiencia y uso sustentable del agua en México: Participación del sector privado. México: CCE.

Corral, V. (2000). La definición del Comportamiento Proambiental. La Psicología Social en México. 8, 466-472.

Corral, V. (2001a). Aplicaciones del Modelamiento Estructural a la investigación psicológica. Revista Mexicana de Psicología. 18 193-209.

Corral, V. (2001b). Psicología ambiental: objeto, "realidades socio-físicas" e visoes culturais de interacoes ambiente-comportamento. Psicología USP. 16, 71-87

Corral, V. (2002a). A structural model of proenvironmental competency. Environment & Behavior. 34, 531-549.

Corral, V. (2002b). Avances y limitaciones en la medición del comportamiento proambiental. en J. Guevara, y S. Mercado, (coords.) Temas Selectos de Psicología Ambiental. (pp. 483-510). México: UNAM–GRECO–UNILIBRE.

Corral, V. (2002c). Structural Equation Modelling. in Bechtel, R y Churcman, A. (eds.) Handbook of Environmental Psychology. (pp. 256-270). New York: Wiley & Sons, Inc.

Corral, V. (2003a). ¿Mapas cognitivos o conductas ambientales? en E. Díaz, y M. L. Rodríguez, (comp.). Perspectivas sobre el cognitivismo en psicología. (pp. 37-79). México: Universidad Nacional Autónoma de México

Corral, V. (2003b). Determinantes psicológicos o situacionais do comportamento de conservaçào de àgua: um modelo estructural. Estudos de Psicología. 8, 245-252.

Corral, V. (2003c). Situational and personal determinants of waste control practices in Northern Mexico: a study of reuse and recycling behaviors. Recourses, Conservation & Recycling. 39,265-281.

Corral, V. y Encinas, L. (2001). Variables disposicionales, situacionales y demográficas en el reciclaje de metal y papel. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 2, 1-19.

Corral, V. y Pinheiro, J. Q. (2004). Aproximaciones al estudio de la conducta sustentable. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 5, 1-26.

Corral, V. y Zaragoza, F. (2000) Bases sociodemográficas y psicológicas de la conducta de reutilización: Un Modelo estructural. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 1, 9-29.

Corral, V., Bechtel, R. & Fraijo, B. (2003). Environmental beliefs and water conservation: an empirical study. Journal of Environmental Psychology. 23, 247-257.

Corral, V., Fraijo, B., Frías, M., González, D. y Pinheiro, J. (2004). Propensión al presente, al pasado y al futuro y sus relaciones con el ahorro de agua. La Psicología Social en México. 10, 547-552

Corral, V., Frías, M. & González, D. (2003a). On the relationship between antisocial and anti–environmental behaviors: an empirical study. Population and Environment. 24, 273-286.

Corral, V., Frías, M. y González, D. (2003b). Percepción de riesgos, conducta proambiental y variables demográficas en una comunidad de Sonora México. Región y Sociedad. 15, 49-72.

Corral, V., Varela, C. y González, D. (2002). Una taxonomía funcional de competencias proambientales. La Psicología Social en México. 9, 592-597.

Corraliza, J. y Martín, R. (2000). Estilos de vida, actitudes y comportamientos ambientales. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 1, 31-56.

Cottrell, S. (2003). Influence of sociodemographics and environmental attitudes on general responsible environmental behavior among recreational boaters. Environment and Behavior. 35, 347-375.

Coya, M. (2001). La ambientalización de la universidad. Tesis de Doctorado, Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Santiago de Compostela.

Cuevas, C. (2002). Consideraciones en torno a la investigación cualitativa en psicología. Revista Cubana de Psicología.19, 47-56

De Castro, R. (2001). Naturaleza y funciones de las actitudes ambientales. Estudios de Psicología. 22, 11-22.

De Castro, R. (2002). ¿Estamos dispuestos a proteger nuestro medio ambiente? Intención de conducta y comportamiento proambiental. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 3, 107-118.

De la Garza, M. y Cannett, R. (2005). Actitudes laborales en la educación técnica pública de Celaya. Enseñanza e Investigación en Psicología. 10, 271-280

Doménech, M. (2004). Grupos, movimientos colectivos e instituciones sociales (pp. 377-433). En T. Ibáñez, (coord.). Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

Duran, M. y Duran, L. (2004). Valores y actitudes sobre la contaminación ambiental en México. Reflexiones en torno al postmaterialismo. Revista Mexicana de Sociología. 66, 511-535

Eguiluz, L. (2001). Métodos cualitativos para el estudio de la complejidad humana. Enseñanza e Investigación en Psicología. 6, 99-116

Eguiluz, L. (2003). Las técnicas de metodología cualitativa. Enseñanza e Investigación en Psicología. 8, 115-132

Escalante, R. y Miñano, M. H. (2000). Investigación, organización y desarrollo de la comunidad. México: Colofón.

Espinosa, G., Orduña, V. y Corral, V. (2002). Modelamiento estructural de las competencias proambientales para el ahorro de agua. La Psicología Social en México. 9, 605-610.

Estramiana, J. y Garrido, A. (2003). Teoría sociológica y vínculos psicosociales. (pp.45-110) En J. Estramiana (coord.). Fundamentos sociales del comportamiento humano. Barcelona: UOC

Farr, R. (2005). La individualización de la psicología social. Polis. 2, 135-150

Feliu, J. (2004). Influencia, conformidad y obediencia. Las paradojas del individuo social (pp. 257-376). En T. Ibáñez, (coord.). Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

Fernández, P. (2004a). La sociedad mental. Buenos Aires: Anthropos.

Fernández, P. (2004b). Metodología de la Afectividad Colectiva. En J. Mendoza, y M. González, (coords.) Enfoques contemporáneos de la Psicología Social en México. (pp. 87-118) México: ITEMS–campus Estado de México.

Fernández, P. (2005). Aprioris para una psicología de la cultura. Atenea Digital. 7, 1-15

Fishoff, B. (2002). Assesing and communication the risk of terrorism. 27th Annual Colloquium on Sciences and Technology Policed Beld. Washintong D. C. April 11-12

Fraijo, B., Tapia., C. y Corral, V. (2004). Efectos de un programa de Educación Ambiental en el desarrollo de Competencias Pro ecológicas. La Psicología Social en México. 10, 539-546

Fuentes, J. (2001). Construyendo imaginarios y símbolos urbanos desde los lugares. En A. Vergara (coord.). Imaginarios: horizontes plurales. (pp. 195-227) México: CONACULTA–INAH

García, I., Giuliani, F. y Wiesenfeld, E. (2002). El lugar de la teoría en Psicología Social Comunitaria: Comunidad y Sentido de Comunidad. En M. Montero (coord..). Psicología Social Comunitaria. Teoría, método y experiencia. (pp. 75-101) México: Universidad de Guadalajara.

García, R. y Guerrero, J. (2000). Problemas globales versus locales: dimensiones de preocupación ambiental. 1o Congreso Hispano–Portugués de Psicología. Santiago de Compostela, España.

García, R. y Real, J. (2001a) Valores, actitudes y creencias: hacia un modelo predictivo del ambientalismo. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 2, 21-43.

García, R. y Real, J. (2001b). Dimensiones de preocupación ambiental: una aproximación a la hipermetropía ambiental. Estudios de Psicología. 22, 87-96.

Garling, T., Fujii, S., Garling, A. & Jakobsson, C. (2003). Moderaing effects and social value orientation on determinants of proenvironmental behaviour intention. Journal of Environmental Behaviour. 23, 1-9

González, S., Hernández, L. y López, F. (2000). ¿Son validos los juicios de los profesores y la nominación sociométrica de los compañeros, como medida de competencia social? Revista Mexicana de Psicología. 17, 171-179

Gouveia, V., Martínez, E., Meira, M. y Lemos, T. (2001). A estructura e o conteúdo universais dos valores humanos: analise fatorial confirmatória da tipología de Schwartz. Estudos de Psicología. 6, 133-142

Guerra, E., Mestres, A. y Naranjo, R. (2002). Preferencias paisajistas de la población estudiantil de la Gran Canaria. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 3, 145-166

Guerring, D. Crete, J. y Mercier, J. (2001). A multinivel analysis of the determinants of recycling behavior in the Europeans countries. Social Science Research. 30, 195-218

Guevara, J. (2002). Intervención comunitaria desde la Psicología Socioambiental: el caso de la basura. En J. Guevara y S. Mercado (coords.). Temas selectos de Psicología Ambiental. (pp. 263-290) México: UNAM–GRECO–UNILIBRE

Guevara, J. y Rodríguez, C. (2002). Localización de actitudes proambientales. Revista de Psicología de la Universidad de Chile. 11, 93-109.

Guevara, J., Quintanar, F. y Rodríguez, C. (2004). Sociedad orientada ambientalmente: actitudes ambientales de habitantes de un vecindario de Puebla. En J. Guevara (ed.). La basura en una perspectiva multidisciplinaria. (pp. 87-124) México: Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

Gutiérrez, R., Gómez, E., Jackson, M. y Manjarrez, O. (2000). ¿Cuál es el pensamiento social de los vecinos de la Purísima sobre el Medio Ambiente? La Psicología Social en México. 8, 353-359.

Hernández, B., Corral, V., Hess, S. y Suárez, E. (2001). Sistemas de creencias ambientales: un análisis multimuestra de estructuras factoriales. Estudios de Psicología. 22, 53-64.

Hernández, M., andázuri, A., Silva, A. y Terán, A. (2000). Evaluación ambiental de un campus universitario. La Psicología Social en México. 8,514-521.

Herrero, J. (2004). La perspectiva ecológica. En G. Musito, J. Olaizola, L. Cantera, y M. Montenegro (coords.). Introducción a la psicología comunitaria. (pp. 99-133). Barcelona: UOC

Ibáñez, C. y Ribes, E. (2001). Un análisis interconductual de los procesos educativos. Revista Mexicana de Psicología. 18, 359-371

Ibáñez, T. (2004). El cómo y el por qué de la psicología social (pp. 55-90). En T. Ibáñez, (coord..). Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

Ibarra, A., Inda, J., Fernández, N. y Báez, R. (2000). Percepción de Riesgos en una comunidad insalubre. Revista Cubana de Medicina General e Integral. 16, 436-441.

Iglesias, S. y Aranzazu, M. (2003). Introducción al análisis multivariable. En J. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 1-42) Madrid: Pearson Prentice Hall

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (2000). XII Censo Nacional de Población y Vivienda. México: INEGI

Irigoyen, J. y Jiménez, M. (2001). Caracterización de desempeños en estudiantes de psicología: evaluación de la modalidad de desempeño y criterio de ajuste. Enseñanza e Investigación en Psicología. 6, 199-211.

Izazola, H. (2001). Sustentabilidad y calidad de vida. Ciudades. 51, 3-9

Javaloy, F. (2003). Comportamiento colectivo y movimientos sociales: un reto para la psicología social. Revista de Psicología Social. 18, 163-206

Javiedes, M. (2004). Actitud y pensamiento. En J. Mendoza, y M. González, (coords.) Enfoques contemporáneos de la Psicología Social en México. (pp. 365-405) México: ITEMS–campus Estado de México.

Jiménez, A (2002). Consideraciones en torno a la investigación cualitativa en psicología. Revista Cubana de Psicología. 19, 47-56

Jiménez, A., Paez, D. y Javaloy, F. (2005). Correlaciones psicosociales de la participación en manifestaciones tras el atentado del 11 de marzo. Revista de Psicología Social. 20, 263-275

Jiménez, B. (2002a). Identidad urbana y prácticas sostenibles en barrios populares. En J. Guevara y S. Mercado (coord.). Temas selectos de Psicología Ambiental. (pp. 97-120) México: UNAM–GRECO–UNILIBRE

Jiménez, B. (2002b). Investigación ante acción participante: una dimensión desconocida. En M. Montero (coord..). Psicología Social Comunitaria. Teoría, método y experiencia. (pp. 103-137) México: Universidad de Guadalajara

Jiménez, M. (2003). La protesta ambiental en España. Aportaciones analíticas y empíricas al estudio de la acción colectiva. Seminario de Investigación de Ciencia Política.

Joireman, J., Lasane, T., Bennett, J., Richards, D. & Salaimani, S. (2001). Integrating social value orientation and the consideration of future consequences within the extended norm activation model of proenvironmental behavior. British Journal of Social Psychology. 40, 133-155.

Kerlinger, F. y Lee, H. (2002). Investigación del comportamiento. Métodos de investigación en Ciencias Sociales. México: McGraw Hill.

Kunreuther, H. (2001). Risk analysis and risk management in an uncertain world. Risk Analysis. 22, 1-20

Laca, F. (2005). Actitudes y comportamientos en las situaciones de conflicto. Enseñanza e Investigación en Psicología. 10, 117-126

Lapalma, A. (2001). El escenario de la intervención comunitaria. Revista de Psicología de la Universidad de Chile. 10, 61-70.

Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental. La reapropiación social de la naturaleza. México: Siglo XXI.

Levy, J. (2003). Modelización y análisis con ecuaciones estructurales. En J. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 767-814) Madrid: Pearson Prentice Hall

Levy, J. y Recio, M. (2003). Análisis con clases latentes. En J. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 815-857) Madrid: Pearson Prentice Hall

López, M. y Martínez, J. (2005). ¿Influyeron los procesos de comunicación sobre los sucesos del 11-M en las votaciones del 14-M? La percepción de los jóvenes en función de su ideología política. Revista de Psicología Social. 20, 351-367

Mafessoli, M. (2001). El imaginario social. En A. Vergara (coord..). Imaginarios: horizontes plurales. (pp. 97-106) México: CONACULTA–INAH

Manzano, V. y Braña, T. (2003). Análisis de datos y técnicas de muestreo. En J. P. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 91-144) Madrid: Pearson Prentice Hall

Manero, R. y Soto, M. (2005). Memoria colectiva y procesos sociales. Enseñanza e Investigación en Psicología. 171-189

Martimportugués, C., Canto, J., García, M. y Hidalgo, C. (2002). Actitudes hacia el ahorro de agua: un análisis descriptivo. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 3, 119-143.

Martín, R., Corraliza, J. y Berenguer, J. (2001). Estilo de vida, hábito y medio ambiente. Estudios de Psicología. 22, 97-109.

Mateos, G. y Dávila, M. (2003). Análisis multivariable de la varianza y de la covarianza. En J. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 215-248) Madrid: Pearson Prentice Hall

Medina, F., Munduate, L., Martínez, I., Dorado, M. y Mañas, M. (2004). Efectos positivos de la activación del conflicto de tarea sobre el clima de los equipos de trabajo. Revista de Psicología Social. 10, 3-15

Medina, R. (2004). Participación ciudadana en gestión del agua. En M. Villa y E. Saborio (coords.). La gestión del agua en México: los retos para el Desarrollo Sustentable. (pp. 329-338) México: Universidad Autónoma Metropolitana

Mendoza, R., Paez, D., Marques, J., Techio, E. y Espinosa, A. (2005). Control social subjetivo y valores culturales: estudio transcultural experimental sobre el efecto oveja negra y un estudio de campo sobre el 11-M. Revista de Psicología Social. 20, 289-300

Mercado, S. (2003). El Cognitivismo. En E. Díaz y M. L. Rodríguez (comps.). Perspectivas sobre el cognitivismo en Psicología. (pp. 1-36)) México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Mercado, S. y López, E. (2004). Estructura de la red semántica de los conceptos casa y hogar. La Psicología Social en México. 10, 477-482

Mithaug, D. (2000). Learning to theorize. A four–step strategy. San Francisco: Sage Publications, Inc.

Montenegro, M. (2004a). Comunidad y bienestar social. En G. Musito, J. Olaizola, L. Cantera y M. Montenegro (coord.). Introducción a la psicología comunitaria. (pp. 43-71). Barcelona: UOC

Montenegro, M. (2004b). La investigación acción participativa. En G. Musito, J. Olaizola, L. Cantera y M. Montenegro (coord.). Introducción a la psicología comunitaria. (pp. 135-165). Barcelona: UOC

Montero, M. (2002a). Procesos de Influencia Social consciente e inconsciente en el trabajo psicosocial comunitario: la dialéctica entre mayorías y minorías activas. En M. Montero (coord.). Psicología Social Comunitaria. Teoría, método y experiencia. (pp. 239-257) México: Universidad de Guadalajara

Montero, M. (2002b). Vidas paralelas: Psicología Comunitaria en Latinoamérica y en Estados Unidos. En M. Montero (coord.). Psicología Social Comunitaria. Teoría, método y experiencia (pp. 19-45). México: Universidad de Guadalajara.

Moral, F., Canto, J. y Gómez, L. (2004). Internet y des-individualización. Nuevas perspectivas sobre la des-individualización en la red: el modelo de la identidad social de los fenómenos de des–individualización (SIDE). Revista de Psicología Social. 9, 93-106

Moser, G. (2002). La Psicología Ambiental: del análisis a la intervención dentro de la perspectiva del Desarrollo Sustentable. En J. Guevara y S. Mercado (coords.). Temas selectos de Psicología Ambiental. (pp. 235-262) México: UNAM–GRECO–UNILIBRE

Moser, G. (2003). La Psicología Ambiental en el siglo 21: el desafío del Desarrollo Sustentable. Revista de Psicología de la Universidad de Chile. 12, 11-17.

Moya, M. y Morales, E. (2005). Reacciones psicopolíticas ante los ataques terroristas del 11 de marzo de 2004. Revista de Psicología Social. 20, 331-350

Moyano, E., Maturana, B. y Villablanca, L. (2002). Actitud proambiental y reactividad de comunidades hacia la instalación de vertederos de basura en sus entornos. En J. Guevara y S. Mercado (coords.). Temas selectos de Psicología Ambiental. (pp. 411-441) México: UNAM–GRECO–UNILIBRE

Murray, J., Spadafore, J. y Mcintosh, W. (2005). Belief in a just world and social perception: Evidence for automatic activation. Journal of Social Psychology. 145, 35-47

Musito, G. (2004). Surgimiento y desarrollo de la psicología comunitaria (pp.17-41). En G. Musito, J. Olaizola, L. Cantera y M. Montenegro (coord..). Introducción a la psicología comunitaria. Barcelona:UOC

Navarro, C. (2000). El debate y la cuestión ambiental. Visión civil de los actores y políticas ambientales en Andalucía. Revista de estudios regionales. 57, 37-57

Nooney, J., Woodrum, E., Hoban, T. & Clifford, W. (2003). Environmental wordlview and behavior. Consequences of dimensionality in surveys of North Carolinians. Environment and Behavior. 35, 763-783.

Obregón, F. y Zaragoza, F. (2000). La relación de tradición y modernidad con las creencias ambientales. Revista Sonorense de Psicología. 14, 63-71

Oceja, L. y Jiménez, I. (2001). Hacia una clasificación psicosocial de las normas. Estudios de Psicología. 22, 227-242.

Omar, A., Delgado, H., Ferreira, M., Leal, E., Terrones, A. y Beltran, J. (2000). Atribucion transcultural del rendimiento académico: un estudio entre Argentina, Brasil y México. Revista Mexicana de Psicología. 17, 163-170

Organización de Naciones Unidas (2003). Agua para todos, agua para la vida. Informe sobre el desarrollo de recursos hídricos en el mundo. Nueva York: ONU

Ovejero, A. (2003). Psicología colectiva y compromiso. Revista de Psicología Social. 18, 213-221

Pallí, C. y Martínez, L. (2004). Naturaleza y organización de las actitudes (pp. 183-254). En T. Ibáñez, (coord.). Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

Pato, C., Tróccoli, B. & Tamayo, A. (2002). Values and ecological behavior: an empirical study of Brazilians students. 17th Conference of IAPS 2002.

Pinheiro, J. (2002). Comprometimiento ambiental: perspectiva temporal e sustentabilidade. En J. Guevara y S. Mercado (coord.). Temas selectos de Psicología Ambiental. (pp. 463-482) México: UNAM–GRECO–UNILIBRE .

Pol, E., Guardia, J., Valera, S., Wiesenfeld, E. y Uzell, D. (2000). Cohesión e identificación en la construcción de la identidad social: la relación entre ciudad, identidad y sostenibilidad. Revista de la Universidad de Guadalajara. 19, 40-48.

Pol, E., Vidal, T. y Romeo, M. (2001). Supuestos de cambio de actitud y conducta usados en las campañas de publicidad y los programas de promoción ambiental. El modelo de las 4 esferas. Estudios de Psicología. 22, 111-126.

Pol. E. (2002). Retos y aportaciones de la Psicología Ambiental para un Desarrollo Sostenible. La detección de impactos sociales como muestra. En J. Guevara, y S. Mercado, (coord.) Temas selectos de Psicología Ambiental. (pp. 291-326) México: UNAM–GRECO–UNILIBRE.

Prat, R. y Doval, E. (2003). Construcción y análisis estadísticos de escalas. En J. Levy y J. Varela (coord.). Análisis multivariable para las Ciencias Sociales. (pp. 43-90) Madrid: Pearson Prentice Hall

Pujal, M. (2004). La Identidad (pp. 93-128). En T. Ibáñez, (coord..). Introducción a la psicología social. Barcelona: UOC

Ramírez, S. (2003). El enfoque sociológico (pp.111-172). En J. Estramiana (coord..). Fundamentos sociales del comportamiento humano. Barcelona: UOC

Rodhes, R. & Cournella, K. (2003). Investigating multiple components of Attitude, Subjective Norm, and Perceived Control: an examination of the Theory of Planned Behaviour in the exercise domain. British Journal of Social Psychology. 42, 129-146.

Rodríguez, O., Melo, M., Sánchez, A., García, K. y Lázaro, D. (2002). El agua: representaciones y creencias de ahorro y dispendio. Polis. 1, 29-44.

Rohrmann, B. (2000). A socio psychological model for analizing risk communication procesess. The Autralian Journal of Disaster and Trauma Studies. 2, 1-19

Rohrmann, B. (2003). Soundscapes in restaurants. En World Forum Acoustic Ecology: Proceedings of the International Symposium of Acoustic Ecology. Melbourne.

Rozas, G. (2003). Aproximación psicosomunitaria ambiental al problema del calentamiento global. Revista de Psicología de la Universidad de Chile. 12, 19-34.

Ruíz, C. Y Conde, E. (2002). El uso del medio ambiente en la publicidad. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 3, 89-101

Sabucedo, J. M., Real, J. E. y García, R. (2003) Medio ambiente y comportamiento humano. en J. J. Casares (coord.). Reflexiones sobre el medio ambiente en Galicia. (pp. 419-44) Galicia: CMA.

Safa, P. (2000). El estudio de las identidades vecinales: una propuesta metodológica. Revista de la Universidad de Guadalajara.19, 68-73.

Sainz, J. y Becerra, M. (2003). Los conflictos por agua en México: avances de investigación. Gaceta del Instituto Nacional de Ecología. 67, 61-68.

San Juan, C., Rodríguez, B. y Vergara, A. (2001). Variables actitudinales implicadas en la evaluación de un espacio universitario: conductas ecológicas, valores y responsabilidad. Estudios de Psicología. 22, 75-85.

Sánchez, A. (2001). Medida y estructura interna del sentimiento de comunidad: un estudio empírico. Revista de Psicología Social. 16, 157-175

Sánchez, E. y Wiesenfeld, E. (2002). El construccionismo como otra perspectiva metateórica para la producción del conocimiento en psicología ambiental. 9-30. En Guevara, J. y Mercado, S. (Coord.) Temas Selectos de Psicología Ambiental. México: UNAM–GRECO–UNILIBRE.

Sartori, G. y Mazzoleni, G. (2003). La Tierra explota. Superpoblación y desarrollo. México: Taurus.

Sholtz, R. Y Weber, O. (2001). Judgments on health hazards to soil containation by exposed and not–exposed residents. Working Paper. 27, 1-15

Shultz, P., Shriver, C., Tabannico, J. & Khazian, A. (2003). Implicit onnection with nature. Journal of Environmental Psychology. 24, 31-42

Sjoberg, L. (2002). ..."Them we take Berlin..." The perceived risk of terrorism. Working Paper Series in Business Administration. 11, 1-20

Slovic, P. y Weber. E. (2002). Perception of risk posed by stream events. Risk management in a uncertain world. New York: Palisades.

Techio, E. y Calderón, A. (2005). Relaciones intergrupales, valores, identidad social y prejuicio en España después del atentado terrorista del 11 de marzo. Revista de Psicología Social. 20, 277-287

Tejada, J. y Arias, F. (2005). Practicas organizacionales y el compromiso de los trabajadores hacia la organización. Enseñanza e Investigación en Psicología. 10, 295-309

Toledo, A. (2002). El agua en México y el Mundo. Gaceta del Instituto Nacional de Ecología. 64. 9-18.

UNICEF (2005). Pobreza infantil en países ricos. Nueva York: UNICEF

Urbina, J. (2004). Percepción de Riesgos Ambientales: la escasez de agua. La Psicología Social en México. 10, 513-520

Uvillos, S., Mayordomo, S. y Basabe, H. (2005). Percepción de riesgo, reacciones emocionales y el impacto del 11-M. Revista de Psicología Social. 20, 301-313

Valenzuela, B., Corral, V., Quijada, A., Griego, T., Ocaña, D. y Contreras, C. (2004). Predictores disposicionales del ahorro de agua: Austeridad, Altruismo y propensión al Futuro. La Psicología Social en México. 10, 527-532

Varela, C., Corral, V., Guillén, A., Celaya, K., Díaz, S. y Guevara, I. (2000).Electromiografía facial y respuestas verbales de aceptación y rechazo en el reuso de desechos sólidos. Enseñanza e Investigación en Psicología. 5, 173-189

Walsh, A. & Mc Lachan, M. (2000). Environmental risk to the self: factor analysis and development of subscales for the environmental appraisal inventory (EAI) with and rish sample. Journal of Environmental Psychology. 20, 141-149

Weber, E. (2003a). Origins and functions of perception of risk. Conceptualizing and measuring risk perceptions. Columbia University.

Weber, E. (2003b). Perception matters: psychophysics for economist. En J. Carrillo e I. Brocas (Eds.): Psychology and Economist (pp. 1-17). Oxford, UK: Oxford University Press.

Weber, E. (2004). The role of risk perception in risk management decisions: Who’s afraid of a poor old-age? En O. Mitchell y S. Utkus (Eds.): Develop-ments in decision–making under uncertainty: implications for retirement plan design and plan sponsors. (pp.1-25) Philadelphia. PA: Pension Research Council.

Wiesenfeld, E. (2001). La problemática ambiental desde la perspectiva psicosocial comunitaria. Hacia una psicología ambiental del cambio. Medio Ambiente y Comportamiento Humano. 2, 1-19.

Wiesenfeld, E. (2002). Paradigmas de la Psicología Social Comunitaria. En M. Montero (coord..). Psicología Social Comunitaria. Teoría, Método y Experiencia. (pp. 47-74) México: Universidad de Guadalajara.

Wiesenfeld, E. (2003). La Psicología Ambiental y el Desarrollo Sostenible. ¿Cuál Psicología Ambiental? ¿Cuál Desarrollo Sostenible? Estudos de Psicologia. 8, 253-261.

Wiesenfeld, E. y Giuliani, F. (2000). El Desarrollo Sostenible y la comunidad: una mirada desde la Psicología Social Comunitaria. Revista de la Universidad de Guadalajara. 19,

Wiesenfeld, E., Sánchez, E. y Cronick, K. (2002). La intervención ambiental participativa: fundamentos y aplicaciones. en J. Guevara, y S. Mercado, (Coords.) Temas Selectos de Psicología Ambiental. (pp. 377-410). México: UNAM–GRECO–UNILIBRE.

Wong, P. (2004). Agua y desarrollo regional sustentable: una aproximación metodológica. En M. Villa y E. Saborio (coords.). La gestión del agua en México: los retos para el Desarrollo Sustentable. (pp. 283-300) México: Universidad Autónoma Metropolitana.

Zúñiga, C. y Asún, R. (2004). Diseño y validación de una escala de identidad regional. Revista de Psicología Social. 19, 35-49


Regresar Sincronía Otoño 2006

Regresar Sincronía Pagina Principal