Sincronía Fall 2011 


La mujer en la dramaturgia de Nuevo León

 

Rosa Ma. Gutiérrez García

Universidad Autónoma de Nuevo León

rosgutig@yahoo.com.mx


 

 

 

             En el año 1984 cuando fundamos el Laboratorio de Experimentación Teatral (LET) en la Facultad de Filosofía y Letras[1] advertimos que casi no había obras de autores locales representándose en Monterrey, en consecuencia emprendimos la labor teatral del grupo a la investigación, montaje y promoción de los dramaturgos que estuvieran produciendo en la región. En ese propósito me centro, por ahora, en el grupo Dramas Nuevo León[2], por ser el más representativo y consistente en su labor creativa en la segunda mitad del siglo XX en la región noreste del país.

            El personaje femenino es otro aspecto que determina el tema y delimita esta investigación, ya que, en las escenificaciones que hizo LET es una presencia constante en la mayoría de los textos, sin embargo, en esta ocasión sólo revisamos los siguientes dramas: Aquelarre norteño (1984) de Guillermo Alanís; Lucinda (1996) de Fernando Esquivel; Muñecas de Arcadia (1996) de Hernán Galindo; Las Señoritas Alcocer (2000) de Rubén González Garza; El delfín en la ventana (1996) de Virgilio Leos; ¡Que te parta un rayo (2004), de Reynol Pérez Vásquez; Donas, novias y pretextos (1998) de Blanca Laura Uribe de Rocha; Hija de Afrodita (2002) de Adolfo H. Torres. Además, como estos escritores reportan una delineación caracterológica definida tanto en el aspecto físico como en los rasgos conductuales, advirtiéndose en ellos modelos que ejemplifican los diversos tipos de mujeres, por lo que tenemos que revisar los personajes femeninos en su aspecto externo e interno.

            El discurso se revela en el drama como texto literario, pues como acontecimiento del lenguaje logra un sentido o significado que permite una interpretación de la realidad. Y es a través de él que se puede conocer la representación de la mujer en los textos, porque en él se descubren los modelos femeninos que el sistema social pretende, así como, las creencias respecto a la condición, a los roles, los espacios que ella debe ocupar en la sociedad, es decir, la ideología en relación a ella.   Tocante a esto seguimos el concepto de ideología como la noción general de creencias, sentido que Van Dijk le da.

            Olivier Reboul, señala que la ideología se manifiesta de diferentes maneras, por ejemplo, mediante actos y prácticas. Una muestra de esta última encontramos en Aquelarre norteño, comedia de Guillermo Alanís, en la que se revelan valores ideológicos y culturales. El eje temático de la obra son las tres celebraciones más importantes en la vida de una mujer en la cultura mexicana: su bautizo, sus quince años y la boda. En la primera fiesta, el bautizo de la niña, como práctica cultural marcará la línea a seguir en su vida como individuo que pertenece al género femenino:

                           Florecita blanca,

                           Esthercita de los Ángeles,

                           tu venida ha iluminado,

                           como un rayo matutino,

                           la existencia de esta casa,

                           de mis compadres Esther y Rufino,

                           en tu vida todos anhelamos,

                           mi Esthercita de los Ángeles,

                           que sigas por el buen camino;

                           ejemplo habrás de ser,

                           diáfano y prístino[3] (Gutiérrez, 2009:19)

 

            El padrino de la niña expresa en sus versos lo que se espera de ella: rectitud, pureza, dentro de la estructura moral masculina. En la niñez es donde empieza la construcción cultural del género. Es ahí donde él y ella aprenderán, quién tendrá la supremacía; y en esta época, el masculino subyuga al femenino.

 

            La sociedad presionará para que el destino cultural genérico de la mujer se siga durante toda su vida; por ejemplo, la siguiente celebración especial de la muchacha es la tradicional fiesta de los quince años:

 

Matías.- Esthercita de los Ángeles, quince años han pasado de la vez aquella que asombrados fuimos todos al bautizo, tiempo corto se nos hizo... (A todos.) ¿Se fijan hasta aquí, qué bien rimado está todo? Pasado, asombrado, bautizo,           hizo...

 

Luz.- ¿Por qué no le pones chorizo? También rima.

 

Matías.- No empieces Luz.

 

María.- (A Luz.) Déjelo doña Lucita y vamos a seguir contando a     los padrinos; a ver llevamos veintitrés con la madrina de liguero, veinticuatro madrina de faja, veinticinco madrina de fondo, veintiséis madrina de medias...

 

Matías.- Hermosa edad de las ilusiones bella, toda llena de emociones clara, todavía sin presiones y de los caballeros, muchas atenciones.

[...]

Matías.- A veces se llora de alegría, a veces se llora de tristeza,      pero a los quince es la de no saberlo con certeza. (Gutiérrez,             2009:57-58)

 

            La mujer es depositaria del honor de la familia, o más bien del hombre, por tal motivo se espera que ella haga un buen matrimonio. Véase en la escena de la boda de Esthercita, la importancia de los valores morales que debe guardar la mujer antes de contraer nupcias:

 

Lucita.- En primer lugar, no se te olvide que te casas con una señorita de buena familia, que está acostumbrada a que la traten bien; la mujer en el hogar es sagrada, los hombres se hicieron pa’ servirla y cuidarla y aunque ella te deba obediencia, no se te olvide que es la mujer la que manda, y que no se le debe contradecir; ahora mi viejo está ocupado, si no él te podría hacer una demostración de cómo acatar a la esposa.

 

Martín.- Sí, ya lo he visto, no necesito una demostración especial.

 

Lucita.- Qué bueno que eres de esos autodidactas que con sólo ver aprenden.

 

Rufino.- (Que ha escuchado los consejos de luz.) Venga pa’ acá m’ijo. (Lo jala del brazo a otra parte.) No se crea lo que le dice la comadre, esta Lucita es el ejemplo de lo que no debe ser una esposa; Esthercita es m’ija y la quiero como nada en el mundo, pero usté será el hombre de la casa y su voz es ley. (Gutiérrez, 2009:76)

 

            La honradez y virginidad son los componentes culturales que se adicionan a la conformación social del género femenino; son valores que la mujer deberá asumir como subalterna del género dominante. Además, en esta escena se puede distinguir que en las relaciones de poder entre ambos géneros, hay una lucha por ejercerlo, unos por dominar y otros por restar poder al dominador.

            El lenguaje, la palabra, es la que marca qué significa el sexo e inaugura el género. “El género es una construcción simbólica que contiene el conjunto de atributos asignados a las personas a partir del sexo. Se trata de características biológicas, físicas, económicas, sociales, psicológicas, eróticas, jurídicas, políticas y culturales.” (Lagarde, 2001: 27). En el sistema de género se plantea la diferencia entre los sexos y la división de papeles entre hombre y mujer, y a partir de esa división, a cada género se le atribuyen ciertas particularidades, habilidades, y representaciones diferenciadas. Las mujeres y los hombres que no sigan las normas propias de su género serán excluidos. Es el caso de los homosexuales, tanto masculinos como femeninos.

             Sin embargo, en Aquelarre norteño el homosexual masculino, también deja ver aspectos misóginos, como en Checo, el coreógrafo de la fiesta de quince años:

Checo: (Enojado.) ¡No! ¡No! ¡No! ¿Quién les dijo que eso es gracia? Pero si parecen vacas en un corral. ¡Estamos en un quinceaños! A ver Esthercita de los Ángeles, ven para acá (Ella se acerca.) ¿Cuántos años cumples?

 

[…]

Checo: ¡Ah! Es que hay de movimientos de cadera; fíjate, fíjate cómo lo hago yo (Se contonea.) así, con gracia y donaire; ¡triunfadora!      Que se den cuenta quién es la que cumple        años. (A Esthercita.) ¿Quién es? ¿Quién?

 

Esthercita: (Tímida.) Yo.

 

Checo: ¡No!, no es (Imitándola.)… yo; es (Triunfante.) ¡Yo! ¡Véanme! (Sigue desfilando.) ¿Podrás hacerlo?  

 

[…]

Checo: (Para sí.) Parece mentira que uno tenga que venir a decirle a las mujeres, como ser más mujeres, en fin, ya Dios nos puso en este camino ¡Silencio! Vamos a comenzar de nuevo. […]  (Gutiérrez, 2009: 45-46)

 

            La escena muestra que desde su marginalidad el hombre marginado por los de su propio género, puede ejercer autoridad sobre las mujeres. Checo, aún en situación periférica ejerce el dominio sobre ellas, e incluso se atreve a enseñarles “a ser más mujeres”; su poder proviene de los rasgos de la supremacía masculina. Porque el estudio de “género no sólo es cómo las mujeres se diferencian de los hombres, sino cómo están subordinadas; [...] más bien el género es un sistema elaborado de dominación masculina (versus complementariedad).” (Barquet: 21)

            También, en Muñecas de Arcadia, de Hernán Galindo, podemos observar la misoginia del hombre excluido en el siguiente fragmento:

 

Pasarela. Ulises va vestido con un diseño extravagante, Patroclo se mantiene sentado a sus pies.

 

Ulises.- La casa diseñadora Muñecas de Arcadia presenta su última colección intitulada Mujeres en Esencia. Con ustedes Lucero. (Entra Lucero, desfilará como modelo, no como personaje, lo mismo las demás.)  Un   elegante conjunto de falda y saco digno de los mejores cocteles, su mascada original de Noquierosabernada oculta su crucifijo que tiene la particularidad de asomar o esconderse según las necesidades de su dueña. La tela es abnegacionmaterna, su bolso, una fina prenda de esposaejemplar... sus zapatos de la marca Flotandonomeenlodo.

 

(Lucero se “congela”.)

 

Ulises.- Ahora tenemos a Sonia. (Entra.) Su atuendo nos recuerda las raíces bajo las flores y en ella se dibuja lo diseminado de su cáncer. La caída de la blusa mantiene en armonía la ausencia del seno extirpado; su elegante turbante responde a las necesidades de la “quimio”. Nombre de la prenda: Divorcio. Un bolso Temor y su calzado auténtico: Quisierahuir.

 

(Sonia idem.)

Ulises.- La gracia de Berenice (Entra.) es subrayada por el colorido de su prenda titulada La Vida en Rosa. Por su elegancia es funcional para las cosas verdaderamente importantes de la vida: coleccionar muñecas Barbie, hacer té canastas, club de jardinería y leer diariamente la sección de sociales. Las medias, finísimas, pertenecen a la casa Algodón de Azúcar, su bolso en rosa light de la firma Felicidad.   

 

(Berenice se une a las otras dos.)

 

Ulises.- Para cerrar con broche de oro, tenemos a Tamara. (Entra.) Diseño y tela son continuidad de su carácter, modelo original del afamado Soberbia. Sombrero y cartera de la casa Dama Independiente. Realizado especialmente para esta reconocida periodista; todo el conjunto tiene el poder de la palabra, del arma en la mano. (Entra Galileo vestido en cuero y estoperoles.) Con ella su prenda más íntima: Galileo, (Galileo baila alrededor de Tamara.) originario de las playas de Guerrero; antigua profesión: barman; actividad actual: chofer; complemento del vestuario de Tamara que definitivamente no está dispuesta a compartir.

 

(Coreografía: todas hacen un cuadro plástico alrededor de Galileo, se agregan Ulises y Patroclo. Flachazos.)

 

Ulises.- Ulises Mohamed y Patroclo les dicen ciao. Hasta el próximo desfile de su casa diseñadora Muñecas de Arcadia. (Gutiérrez, 2005: 126-127)

 

            La caracterización mordaz que hace el modisto −que “va vestido con un diseño extravagante”, acotación intencionada para subrayar que es una sátira de lo femenino en un hombre− de sus amigas, dejar ver los diferentes tipos de mujeres y sobre todo, la animadversión que en sí siente Ulises por las del sexo opuesto, aunque sean sus amigas.  

            Los autores de Dramas Nuevo León, frecuentemente, caracterizan a los personajes homosexuales masculinos estereotipadamente, ridiculizando la afectación de sus movimientos y voz. La contraparte, el lesbianismo poco se ha planteado, y generalmente, aparecen como mujeres atormentadas. Paradigma de ello es Hija de Afrodita, donde fársicamente se presenta la presión emocional que tiene que vivir una un ama de casa, que se sabe diferente:

 

EMMA.- No sé para que me casé... No se pueden vivir dos vidas... Lo mejor será que me encierre. Que me aleje del mundo y de las bocas necias, de los oídos pecaminosos... ¡Entraré a un convento! Creo que mejor no, estaría rodeada de mujeres y sería peor [...] (Gutiérrez, 2005: 361)

 

           

            Emma reproduce modelos masculinos, tanto en el discurso, como en el modo de actuar. Además, tiene que enfrentar el sentimiento de culpa por negar su verdadera preferencia sexual, sólo por el miedo al rechazo social.

            La categoría de género alude a la diferencia entre sexo biológico e identidad adquirida, afirma Julia Tuñón (1995: 56-59); es una construcción social del sexo al que se le agrega una serie de elementos culturales e históricos.

            En el siguiente diálogo se puede observar ese tipo de identidad adquirida de la que habla Tuñon:

 

La luz desparece en el área del escenario, una luz barrida azul se proyecta desde el exterior.

 

Voz de Erasmo.- (Desde la oscuridad.) ¿Otra vez vas a salir,             papá? ¿Me llevas? ¿Me llevas, papá?

Padre.- (Sin volverse.) Yo voy a la cantina. ¡Quédese con su             madre!

Voz de Erasmo.- Yo me quedo en la puerta; no voy a molestarte, papá.

Padre.- La cantina es para hombres. (Se vuelve. No se le ve el rostro.) Ah, una cosa: no            quiero que se me ande juntando con el hijo de la Tullida, ¡peligro y se me vuelve maricón! (Gutiérrez, 2005: 256-257)

           

            Reynol Pérez muestra en esta pequeña escena de la pieza ¡Que te parta un rayo! patrones de conducta que el varón va adquiriendo para ser considerado un hombre; evidenciando los espacios en los que ellos se pueden mover. De la misma manera hay lugares y pautas conductuales para la mujer, predeterminadas a su género.

          Marcela Lagarde (2001) señala que en la condición genérica de la mujer lo más importante es en torno a lo materno-conyugal. En la sociedad mexicana, la mujer debe cumplir el requisito de la maternidad, pero dentro del estado del matrimonio; es así como, el principal objetivo de la mujer en edad de “merecer” será conseguir un hombre para casarse, como sucede en Las Señoritas Alcocer, de Rubén Gonzalez Garza (2002). Pero, si ella no procrea, es probable que se le culpe como se puede observar en El delfín en la ventana (Covarrubias, 1998:175-220):

LUCIANO: ¡Ah, chingao...! ¡Vieja seca! (Abre la puerta.) Atrancas este pinche gallinero y cuidado con que le abras a alguien o te asomes, ¿eh? (Regresa a desconectar el     teléfono.)

 

ALTAGRACIA: ¿Te espero a comer? (Luciano sale sin responder. Altagracia atranca, saca el caset de su ropa interior, lo esconde en la azucarera, con ella en las manos explota en llanto, en su desolación lentamente lo guarda y busca un número telefónico.) Vieja seca...vieja seca... vieja seca... vieja seca... [...] (Covarrubias, 1998: 201)

[...]

ALTAGRACIA: Me dijo vieja seca.

 

MERCEDES: No le hagas caso.

 

ALTAGRACIA: Soy hembra fértil, Meche, hembra de cara al mundo; hace mucho que me lo dijo el doctor. Él es quien está de espaldas a la prole, él es quien tiene muerto el entresijo. Pero un día nos va a matar; a mí ya me está acabando poco a poco. (Covarrubias, 1998: 203)

 

           

            Asimismo, como se mencionó anteriormente, las cualidades del género de las mujeres en el mundo patriarcal se realizan en torno a lo materno-conyugal, por tal motivo, el contraer nupcias se convierte en objetivo principal en la vida de muchas mujeres, en parte para cumplir con el rol asignado al género femenino, en su función biológica: la procreación.

            La institución del matrimonio y la familia son nucleares en las tradiciones de la sociedad mexicana. Este tema lo aborda Blanca Laura Uribe en la comedia Donas, novias y pretextos (Gutiérrez, 2009:375-410), desde dos puntos de vista: en uno, se presenta como el deseo de formar una familia como máxima realización personal de la mujer. El otro, es una manera para obtener seguridad económica.

            Otro fenómeno recurrente en las obras de estos dramaturgos es la soltería en la mujer, ya sea por imposición paterna o de un varón de la familia. La figura de la solterona “obligada” las encontramos en Aquelarre norteño, de Guillermo Alanís; en ¡Que te parta un rayo!, de Reynol Pérez; en Las Señoritas Alcocer, de Rubén González Garza. Una pequeña muestra de soltería impuesta se revela en Lucinda (Covarrubias, 1998: 221-257):

LUCINDA: [...] Mi papá me esclavizó, como tenía esclavizada a mi mamá. Tenía que hacerle todo yo personalmente, exactamente como mi mamá lo hacía. Desde antes de que nos viniéramos a vivir aquí, me chantajeaba si pretendía salir: (Lo imita) "no puedes dejarme solo... está muy reciente la muerte de tu mamá... si no comes aquí, no como... qué va a decir la gente..." Sin embargo, yo me las ingeniaba para ver a Nico. (Covarrubias, 1998: 245)

 

            Fernando Esquivel nos da ejemplo de las relaciones de poder fundadas en un orden basado en la sexualidad. En la organización social de este tipo, la mujer no se pertenece a sí misma, sino a los varones de la familia.

            La ideología del sistema patriarcal defiende y valida el dominio sobre el género femenino, señorío que implica el maltrato físico o psicológico; ejemplos de este aspecto los encontramos en ¡Que te parta un rayo!, obra en la que Reynol Pérez nos presenta cómo son las relaciones entre los dos sexos a través del comportamiento de Erasmo que evidencia la posición y papel que él tiene en una sociedad en la que los patrones de conducta son los de la desvalorización la agresión verbal hacia la mujer; actitud manifestada contra su amante, Luz María, señalada por contravenir las normas sociales: primero, por involucrarse sentimentalmente con un hombre más joven que ella, y segundo, por ejercer su sexualidad fuera del matrimonio.

            La ideología se manifiesta en el lenguaje, el cual funciona como un código sobrentendido en una sociedad, permitiéndole exteriorizar una visión del mundo propia, de una cultura (Reboul, 1986: 17-34); en ese sentido autores que revisamos sólo dan una mirada a nuestro entorno cultural.

            En resumen, los escritores del colectivo Dramas Nuevo León hacen una caracterización de sus personajes femeninos delineándolo en tres aspectos: la apariencia física en la que establecen los cánones de belleza requeridos por la sociedad; las actitudes y comportamiento que las mujeres deben seguir, lo cual determina un perfil psicológico y por último, asignarle una identidad social. Estos tres aspectos se conjugan para diseñar al personaje femenino como concretización representativa de la mujer. Por supuesto, no podemos dejar de lado, que las protagonistas se tienen que confrontar con el personaje masculino para poder delinearse.

 

Bibliografía

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_______ También en Cathedra, San Nicolás de los Garza, N. L., Filosofía y Letras de la UANL, n° 6, Año 2, Enero/abril, 2003.121-170.

 

Barquet, Mercedes. El estado actual de los estudios de género: un breve recorrido por la teoría feminista. Iztapalapa, México: Casa de las Américas/UAM. 19-25.

 

Esquivel, Fernando. “Lucinda”. En (Comp.) Miguel Covarrubias. Dramas Nuevo León. Antología teatral. México: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1998). 221-257.

 

Galindo, Hernán. “Muñecas de Arcadia”. En Rosa Ma. Gutiérrez García (Comp.) Dramaturgia de Nuevo León, vol. 1. México: Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 2005. 123-190.

 

González Garza Rubén. Las Señoritas Alcocer. México: Universidad       Autónoma de Nuevo León, 2002.

 

Lagarde, Marcela. Género y feminismo (Desarrollo humano y democracia). Madrid: Editorial Horas y horas, 2001.

 

Leos, Virgilio. “El delfín en la ventana”. En Miguel Covarrubias (Comp.). Dramas Nuevo León. Antología teatral. México: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1998. 175-219.

 

Pérez Vázquez, Reynol. “¡Que te parta un rayo!”. En Rosa Ma. Gutiérrez García (Comp.) Dramaturgia de Nuevo León, vol. 1. México: Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 2005. 217-275.  

 

Reboul, Olivier. Lenguaje e ideología. (Trad. de Milton Schinca Prósper) México: FCE, 1986.

 

Torres, Adolfo H. “Hija de Afrodita”. En Rosa Ma. Gutiérrez García (Comp.) Dramaturgia de Nuevo León, vol. 1. México: Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 2005. 351-380.

 

Tuñón, Julia. “Porque Clío era mujer, buscando caminos para su historia”, en GénEros, (Año 2, n° 5) Colima: Asociación colimense de Universitarios. (1995) 56-59.

 

Uribe, Blanca Laura. “Donas, novias y pretextos”. En Rosa Ma. Gutiérrez García (Comp.) Dramaturgia de Nuevo León, vol. 2. México: Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, 2009. 375- 410.

 

_____ También en Cathedra. (Año 2, Mayo-agosto 2002, n° 5). México: Filosofía y Letras, UANL.111-139.

 



[1] Los fundadores del grupo fueron: Rosa Ma. Gutiérrez, Armando V. Flores, Ricardo Martínez, José Luis Salazar, Petty Maldonado, Julián Nava, Gustavo Gutiérrez, Cecilia Salazar, Cecilia Pérez, Josefina de la Garza, Juan Delgado, Daniel Sierra, Roberto Carlos Cueva, entre otros.

[2] El grupo fue fundado por Hernán Galindo en el año de 1992 –información dada en entrevista hecha a Hernán Galindo en 1997 y a Blanca Laura Uribe de Rocha en el año 2000–, y sus integrantes son Guillermo Alanís (†), Blanca Laura Uribe, Rubén González Garza, Virgilio Leos, Reynol Pérez Vázquez y Eric Green (†). Posteriormente se integraron al taller Fernando Esquivel, Adolfo Torres y Javier Sancho y Josefina Alanís, José Emilio Amores. Aún continúan reuniéndose los sábados en la casa de José Emilio Amores, y aunque Hernán Galindo, Adolfo Torres y Reynol Pérez no asisten al taller, siguen una relación cercana con el grupo.

[3] El destacado en negritas es nuestro en todos los casos.


Sincronía Fall 2011