Sincronía Summer 2009

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Lingüística y poética (Notas sobre el acercamiento de la lingüística a la literatura en Roman Jakobson)

Javier Ponce

Universidad de Guadalajara

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                   ¿Quién es pues, el imbécil que trata con tanta ligereza el soneto y no ve en él la belleza pitagórica? Porque la forma es vinculante, la idea brota con más intensidad... En él se encuentra la belleza del metal y del mineral bien trabajados.

 

                   Charles Baudelaire

 

 

 

     Esta emotiva cita[1] le sirve a Roman Jakobson para argumentar la pertinencia del estudio o análisis científico de la literatura que ha realizado durante una parte importante de su vida. Jakobson se ve obligado a defenderse de quienes no conocen con certeza sus teorías o de los críticos que no han logrado entender la complejidad de sus estudios.

     Como reacción a cierto tipo de crítica literaria impresionista que en gran parte hablaba de la literatura, pero no decía mucho que fuera inteligible, desde finales del siglo pasado se ha tratado de estudiar el fenómeno literario de manera clara, precisa y científica. La lingüística, gracias al rigor de su método, es una de las ciencias que ha tratado de desentrañar de manera objetiva el misterio del "arte verbal".

     La primera manifestación de este tipo fueron, probablemente, los estudios estilísticos surgidos en Alemania con las obras de Wackernagel y de Von der Gabelentz (1873, 1875). En el Tratado de estilística de Charles Bally, a principios de este siglo, aparece con claridad ante el lector francés la posibilidad de estudiar de manera científicamente las propiedades expresivas del lenguaje literario. En esta primera etapa del desarrollo de la ciencia literaria se trataba de encontrar los elementos expresivos comunes a diversas obras y de darle un nombre a cada uno de estos recursos para que todos los individuos estuvieran de acuerdo en que en diferentes casos de manifestación concreta del lenguaje, el procedimiento era el mismo. A este acercamiento literario se le ha criticado por la fragmentación que hace de la obra. Al final del análisis teníamos un cúmulo de elementos dispersos entre sí y sin más relación que la del mismo texto. Para la estilística, por ejemplo, un poema es la suma de procedimientos expresivos, pero no se logra la relación de cada uno de los elementos con los otros ni con la totalidad del sistema. Aún así, la estilística resultó un importante avance en el desarrollo de la ciencia literaria.

     En Rusia, entre 1914 y 1915 se crea un grupo muy importante para el estudio de la lingüísticas y las letras, el Círculo Lingüístico de Moscú. En 1916 se publica la primera antología sobre la teoría del lenguaje poético y en 1917 se funda la Sociedad de estudio del lenguaje poético (Opoiaz por sus siglas en ruso), la cual colaborará con el Círculo de Moscú. En estas importantes empresas el aspecto lingüístico era muy importante. Aquí nos parece pertinente el preguntarnos, por qué a los lingüistas de Moscú les interesaba especialmente el lenguaje empleado en el trabajo literario y no el lenguaje oral o el usado en otro tipo de discursos. Al respecto Jakobson, quien participó activamente del Círculo, escribe:

 

          En esa época comenzaban a abrirse nuevos caminos en la investigación de la lengua; el lenguaje de la poesía es el que se prestaba más para ello porque este dominio descuidado por la lingüística tradicional, permitía salirse de las huellas de los neogramáticos y además, porque la relación entre medios y fines, así como del todo con las partes, o sea, entre las leyes estructurales y el aspecto creador del lenguaje, se encontraba más al alcance del observador en el discurso poético que en el habla cotidiana.[2]

 

 

 

     Aunado al interés de los formalistas en las peculiaridades del lenguaje literario, se encuentra el hecho de que estaban con frecuencia en contacto con artistas reconocidos que habían sido sus maestros y convivían con ellos; entre los creadores podemos citar a Maiakovski, Pasternak, Mandelshtam y Aseiev. Además, el formalismo surge de la mano de la vanguardia en la literatura rusa.

     Sobre el estado de la teoría del arte y, pro supuesto, de los estudios literarios, en este periodo escribe Jakobson: "La historia del arte no conocía la terminología científica y utilizaba las palabras del lenguaje corriente, sin pasarlas por el tamiz de la crítica, sin limitarlas con precisión, sin tener en cuenta su polisemia"[3]. El objetivo de los formalistas era explicar, a través de una nueva terminología y con la ayuda de una novedosa técnica y, en el fondo, una epistemología, lo que sus predecesores habían determinado como inexplicable. Los primeros estudios del grupo dan como resultado textos en los que se mezclan las viejas tendencias críticas con las nuevas perspectiva analíticas; pero, poco después, el rigor de su pensamiento y el perfeccionamiento de sus métodos los ayuda a mantener, de manera rigurosa y lógica, su forma de pensar para el estudio de la literatura. Esto permitió a los formalistas encontrar muchas de la leyes gramaticales y conceptos que han servido para el estudio de los textos poéticos. Entre las ideas y conceptos que aportaron los formalistas al estudio de literatura se pueden citar, además la nueva terminología y de los procedimientos técnicos para el análisis, las valiosas y fundamentales nociones de función, significación funcional, jerarquía, sistema.

     Una última aportación de los formalistas a la ciencia literaria fue el concepto, o más bien dicho, la pregunta acerca de la literaturidad. Ellos se centraron en el estudio del texto literario y, en una primera etapa, se olvidaron de otros aspectos usuales en su época como la psicología, la biografía o los aspectos sociales. Querían resolver el problema de qué es lo que hace que una obra sea literaria y para ello se enfocaron en el análisis de los procedimientos: los formalistas fueron los primeros que dieron una respuesta rigurosa, aunque no completa acerca del fenómeno.

     Una de las principales críticas que se han hecho a los lingüistas, y en especial a Jakobson, es que se dice que reducen el hecho literario a una serie de leyes comprobables y verificables que no aportan mucho a la comprensión del texto en su totalidad y de que, además, para ellos el texto sólo está en función a los estudios de la lengua, sin mediatizar ninguna otra ciencia. Al respecto, escribe Jonathan Culler en 1989:

 

          Volvemos ahora [..] a las afirmaciones de Jakobson, para quien los estudios literarios han de hacer del procedimiento del lenguaje su personaje único: cualquier discusión que se centre en la literaturidad no considerará el procedimiento como un medio de expresar un mensaje cualquiera, sino como el protagonista, el sujeto del discurso literario.

          [...]

          Este aspecto de la literaturidad, que tiende a aislar el texto de los contextos prácticos e históricos de su producción, redefine, por oposición, el contexto como el contexto específico de la literatura.[4]

 

 

 

     Aquí surgen de primera intención dos preguntas para Culler que creemos fundamentales: ¿dónde y cuándo escribió eso Jakobson? Si se refiere al artículo que cita en párrafos anteriores del artículo de Culler[5], el ensayo del ruso es de 1921, y en esa fecha estamos de acuerdo en que el lingüista lo haya dicho; era parte de una primera etapa en el desarrollo del autor. En lo que no estamos de acuerdo y no creemos que sea justo expresar como representativa, en un dinámico pensador que vivió hasta 1982, una idea escrita en la segunda década del siglo. Pensamos que, bien, o Culler nunca ha leído más que una o dos artículos del autor o, en caso de que lo haya hecho, no ha logrado conocerlo e interpretarlo correctamente. En un breve ensayo escrito en 1928 el lingüista, junto con Tinianov, escribe al respecto de la evolución de las leyes literarias:

 

          "El problema concreto de la elección de una dirección, o al menos de una dominante, no puede resolverse sin analizar la correlación de la serie literaria con las otras series sociales". Esta correlación (el sistema de los sistemas) tiene sus leyes específicas que deben ser estudiadas.[6]

 

 

 

     Aunque en este punto se habla específicamente del carácter evolutivo, diacrónico y no del estático o sincrónico de las series literarias, vemos como Roman Jakobson sentía ya la necesidad de salir a otros dominios de las "series sociales". Podemos ver que Jakobson no era un estructuralista estático, rígido; sino que el estructuralismo que postula, al menos teóricamente, era dinámico. Hablaba de un universo (el sistema de los sistemas) al que para conocerlo era indispensable estudiar cada uno de los sistemas en su especificidad y, después, sus correlaciones con otros sistemas (dinamismo), tanto de manera sincrónica como diacrónica ("la evolución tiene inevitablemente carácter sistemático[7]").

     Los análisis que hizo el lingüista ruso se enfocaban principalmente al aspecto lingüístico, pero él nunca excluyó la ayuda que le prestaban otras disciplinas para la comprensión del texto en su totalidad. En su "Profesión de fe", comenta sobre esta falsa exclusión que se le ha atribuido a los lingüistas:

 

          La idea de que el estudio lingüístico está encerrado en los límites estrechos de la frase y, en consecuencia, hace al lingüista incapaz de examinar la composición de los poemas, resulta rebatida por el análisis del discurso como una de las tareas puestas en primer plano en la ciencia lingüística de nuestros días.[8]

 

 

 

     La primera idea que se nos viene a la mente es la pregunta de que si acaso existe la lengua, aún en los aspectos más técnicos, como una serie de estructuras desligadas de la realidad. Uno de los grandes méritos del lingüista ruso fue precisamente descubrir que incluso algo tan complejo y abstracto que los hablantes no manejan de forma consciente, como lo son rasgos fonéticos, sirven para aportar significado al lenguaje común: "Ese hechizo 'del mero sonido de las palabras' que estalla en las tareas expresiva, mitopéyica y de sortilegio de la lengua [...]"[9]. Sabemos, entonces, que sería un error metodológico y una tarea vana para cualquier lingüista el tratar aislar la lengua de todos sus componentes sociales, porque precisamente estos componentes sociales que se manifiestan en ciertos rasgos forman parte de la lengua. Cualquier intento de crear un lenguaje plano, matemático o de laboratorio será imposible de realizar.

     Además, leyendo algunos de sus artículos críticos podemos darnos cuenta de que Jakobson se auxiliaba en muchas ocasiones de otras disciplinas o aspectos del conocimiento ajenos a la lingüística. Incluso, varias veces se llegó a apoyar en personas que trabajaban en otros campos del saber artístico o científico. Por ejemplo, en el ensayo realizado en colaboración con Luciana Stegagno-Picchio, titulado "Los oxímoros poéticos de Fernando Pessoa"[10] comienza citando una carta personal de Pessoa a Adolfo Cassais Monteiro en la que se habla de la construcción de cierta obra del poeta. Más adelante comienza el análisis lingüístico y en el transcurso va citando fragmentos críticos escritos por el portugués que le sirven para reafirmar las hipótesis de su estudio. A esto se agregan algunas citas eruditas donde comenta que ciertas estructuras lingüísticas pertenecen a la tradición medieval. Es pertinente mencionar que para el estudio que se hace del poema de Pessoa se auxilió de los reconocidos críticos literarios portugueses Haroldo de Campos y Joaquim Mattoso Câmara. Así, Jakobson se ve apoyado por las ideas escritas del mismo autor del poema, por la filología y por la crítica literaria. Eso, claro, sin contar las innumerables lecturas que el autor del ensayo realizó hasta ese periodo de otras disciplinas diferentes de la lingüística.

     Jakobson en varias ocasiones se auxilió, como lo dijimos arriba, de en otros campos del conocimiento para el estudio de la realidad lingüística y poética. En esta área es indispensable mencionar algunos otros interesantes trabajos como el artículo "'Les chats' de Baudelaire"[11] (escrito en colaboración con el reconocido antropólogo Lévi-Strauss) y el estudio "Sobre el arte verbal de los poetas pintores Blake, Rousseau y Klee"[12]. En el primero ("Les chats") Jakobson y Lévi-Strauss descubren, a través de su inteligencia, la lingüística y la antropología, una serie de regularidades en los diferentes niveles que crean y hacen significar al poema, tanto desde el punto de vista fonético como semántico. En "Les chats" todo tiene una función, todo, aún el elemento más irrelevante sirve para crear significado en el poema, desde los rasgos fonéticos, los artículos, el género; hasta llegar a relaciones semánticas entre estos elementos y a las frases que nos llevan a los niveles míticos del poema:

 

          Reuniendo ahora las piezas de nuestro análisis, procuremos mostrar como los diferentes niveles que hemos adoptado se intersecan, se complementan o se combinan, dando así al poema el carácter de un objeto absoluto.[13]

 

 

 

     En el ensayo "Sobre el arte verbal....", Jakobson no se limita el estudio meramente lingüístico o literario, sino que se extiende al campo de la semiótica del arte. Analiza primero los versos y después las imágenes para al final comprobar que "el cuadro" forma una unidad significante:

 

          me parece oportuno [...] exponer la "notable analogía entre el papel de la gramática en la poesía y la composición pictórica, basada en el orden geométrico latente o patente o en una rebelión contra las disposiciones geométricas"[14].

 

 

 

     Pensamos que lo anterior es suficiente para demostrar que Roman Jakobson no sólo se enfocaba en la el análisis lingüístico de los textos. Pensamos que los ataques que se han hecho al lingüista y, ahora sí podemos decirlo, crítico literario han sido debido a la incomprensión causada por la envidia y falta de conocimiento hacia uno de los pensadores más grandes de nuestro siglo. Por otro lado, pensamos que también se puede deber al desconocimiento o falsa atribución que algunos le han dado a la función poética como la totalidad del fenómeno literario. El hecho de que en una novela, por citar un género, predomine la llamada función poética del lenguaje, no excluye a las otras cinco funciones (referencial, emotiva, connativa, fática y metalingüística) y, al no excluirlas, nos permite acceder a una riqueza mayor del texto. Si bien es cierto que en sus primeros años los formalistas negaron la ayuda de otro tipo de estudios, muy pronto se dieron cuenta de la necesidad de salir hacia otras "series sociales" para poder entender la dinámica de toda obra.

     Finalmente haremos un comentario sobre algunas de las constantes que pudimos observar en los estudios que leímos y que fueron escritos por Jakobson. En todos sus ensayos nos sorprendió la innegable objetividad y rigurosidad en el trabajo y análisis de las estructuras de los textos poéticos, pictóricos o sociales; asimismo nos causó admiración el hecho de siempre respetar el texto como una totalidad y el afán de buscar y "descubrir" la intersección de elementos para unirse en la creación de significados para crear el sentido. Los descubrimientos de Jakobson podemos equipararlos al momento de escuchar de manera cuidadosa una sinfonía; la Novena de Beethoven por ejemplo, en la que los diferentes instrumentos se mueven a través del tiempo en notas, silencios, claves, tiempos, oposiciones; para crear la armonía de los sonidos a través de cada uno de los movimientos y en la compleja totalidad de la obra:

 

          Es difícil encontrar "más perfección y cuidado en la elaboración de una diversidad rítmica, unida a una rigurosa unidad del metro que los que despliega Pessoa en una breve extensión de quince líneas, al unísono de su perfil semántico.[15]

 

 

 

BIBLIOGRAFIA:

 

ANGENOT, Marc; Bessière, Jean et al., Teoría literaria, 1ª ed. en español, Ed. Siglo XXI, México, 1993.

 

JAKOBSON, Roman, Ensayos de poética, 1ª ed. en español, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1977.

 

----- y Linda R. W, La forma sonora de la lengua, 1ª ed. en español. Ed. F.C.E., México, 1987.

 

MOUNIN, Georges, La literatura y sus tecnocracias, 1ª ed. en español, Ed. F.C.E., México, 1983.

 

TODOROV, Tzvetan (antologador), Teoría de la literatura en los formalistas rusos, 5ª ed. en español, Ed. Siglo XXI, México, 1987.

 

VIDAL-BENEYTO, José (compilador), Posibilidades y límites del análisis estructural, 1ª ed., Editora Nacional, Madrid, 1981.



    [1]Roman Jakobson, "Profesión de fe", en Posibilidades y límites del análisis estructural, Editora Nacional, Madrid, 1981, p. 520.

    [2]Roman Jakobson, "Hacia una ciencia del arte poético", en Teoría de la literatura de los formalistas rusos (antología preparada y presentada por Tzvetan Todorov), 5ª ed. en español, Ed. Siglo XXI, México, 1987, p. 7.

    [3]Roman Jakobson, "Sobre el realismo artístico", en Teoría de la literatura ... p. 71.

    [4]Jonathan Culler, "La literaturidad", en Teoría literaria, 1ª ed. en español, Ed. Siglo XXI, México, 1993, p. 42 y 43.

    [5]Ibid. p. 39.

    [6]J. Tinianov y R. Jakobson, "Problemas de los estudios literarios y lingüísticos" en Teoría de la literatura..., p.105

    [7]Ibid. p. 104.

    [8]Roman Jakobson, "Profesión de fe"... p. 506.

    [9]Roman Jakobson y Linda R. W, "El encanto de los sonidos del habla", en La forma sonora de la lengua, 1ª ed. en español. Ed. F.C.E., México, 1987.

    [10]Roman Jakobson, "Los oxímoros dialécticos de Fernando Pessoa", en Ensayos de poética, 1ª ed. en español, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1977, p. 235.

    [11]Roman Jakobson, "`Les chats' de Baudelaire", en Ensayos de poética ... p. 155.

    [12]Ibid. p. 125.

    [13]Roman Jakobson, "'Les chats'...  p. 172.

    [14]Roman Jakobson, "Sobre el arte verbal...", p. 132.

    [15]Roman Jakobson, "Los oxímoros...", p. 255.