Sincronía Invierno 2006


Por una lectura etica de Pedro Paramo*

Ricardo Romo

Universidad de Guadalajara


 

ABSTRACT

La novela Pedro Páramo del escritor mexicano Juan Rulfo encierra claves valiosas para entender y construir una imagen de América Latina desde la propia Latinoamérica. Contiene un potencial de recursos cuyo análisis ha sido efectuado por diversos estudiosos de la obra rulfiana, recayendo sus exámenes en los planos políticos, estéticos, semióticos y psicoanalíticos. En la presente ponencia nos interesará emprender una reflexión que apunte hacia una lectura ética de dicho texto. Avanzaremos en términos de un triple componente: el ético, propiamente dicho, el literario, bajo sus implicaciones también éticas y, finalmente, el componente recursivo.

 


Partiremos con la idea de que la literatura desde sus implicaciones éticas contribuye también a la construcción de América Latina. El caso de la narrativa rulfiana contenida en Pedro Páramo es una de las posibilidades para permitirnos tal construcción.

Nuestro análisis está conformado por una triple problemática especificado en los componentes ético, literario y recursivo.

Componente ético

Los años de entreguerra representan la época en que el escritor francés Maurice Blanchot sugería a su amigo Emmanuel Lévinas la lectura novelística de Dostoievsky. Lévinas siguió la recomendación de Blanchot, con el consiguiente enriquecimiento de su ética como filosofía primera ¡Cómo no irradiarse e inmantarse de la narrativa del escritor ruso¡ Sobre todo cuando en  El sueño de un hombre ridículo, hablando en voz de un personaje, asentaba: “Soy un hombre ridículo. Ahora me llaman loco. Esto representa un ascenso de categoría si no continuara siendo tan ridículo como antes para la gente. Sin embargo, ahora ya no me enfado, todo el mundo me parece simpático y diría que más aún cuando se ríen de mí. Yo mismo me reiría con los demás, no por querer reírme de mí, sino por amor a ellos”[1]. Y es que el personaje de esta novela ejerce sobre los demás una comprensión irónica en el mejor sentido cortazariano, por eso está en condiciones de reírse con ellos y no de ellos; por eso se responsabiliza por ellos.

       A su vez, la contribución levenisiana alcanza a pensadores latinoamericanos como Dussel. En los planteamientos de este último la responsabilidad por el otro constituye uno de los ejes de su ética de la liberación.

Componente literario con resonancias éticas

 Para el contexto latinoamericano, el Nobel colombiano García Márquez alguna vez expresó: “la novela que me hubiese gustado escribir es Pedro Páramo de la cual hace sentir su influencia en Cien años de soledad . Por otro lado, un consenso de escritores otorgó el calificativo a Pedro Páramo de la mejor novela del Siglo XX en lengua castellana. En nuestro ámbito local el escritor Dante Medina ha manifestado que entre los textos literarios que con mayor densidad expresa el sufrimiento se encuentra la novela del escritor jalisciense.

Publicada en la década de los cincuentas Pedro Páramo fue blanco de críticas, incluso de incomprensiones por parte de escritores cercanos a su autor[2]. Mientras tanto Juan Rulfo no renunciaba a narrar situaciones locales con resonancias universales. No es casual que un crítico nipón subrayara que la novela rulfiana describía bien la personalidad del japonés. Y es que la temporalidad desgarrada vivida por los personajes, a través de la existencia sufriente, es un elemento que transversaliza lo elementalmente humano de las personas, independientemente de su ubicación geográfica, económica y cultural.

 

Una lectura poco atenta de Pedro Páramo daría la impresión de que el tema principal es la muerte, pues se narran los acontecimientos de un pueblo devastado por un cacique implacable como es el personaje Pedro Páramo. Sin embargo, el sufrimiento está presente desde el inicio de la trama en presencia de Dolores Preciado, ya el nombre mismo del personaje enuncia y anuncia el tópico principal.

 

"Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo"[3],   dice Bartolomé San Juan a su hija Susana. Con la acción de sorber se emiten sonidos que están próximos a los producidos por los murmullos. Murmullos que expresan el dolor anegado en un pueblo aparentemente resignado al sometimiento a que es objeto por parte del cacique. Susurros que se escuchan por los resquicios de la mayoría de las tumbas en el pueblo de Comala, menos en la de Susana San Juan cuya loza está completamente sellada ocasionándole así un dolor adicional.

 

Pero los personajes de Pedro Páramo no son los muertos sino las ánimas que se reactivan cuando los restos humanos se impregnan de la humedad producida por la lluvia que ocasionalmente cae en ese pueblo caluroso. Sin embargo, el calor que produce el gentío de ánimas es más significativo que el climatológico. La compenetración se expresa en ese gentío de ánimas agolpadas en torno al sufrimiento.

 

Lévinas nos advirtió que la prueba suprema de libertad y la voluntad no es la muerte, sino el sufrimiento. A través del sufrimiento el pueblo de Comala forjará su voluntad para asumir una acción colectiva que le posibilitará resistírsele y rebelársele al cacique. En ese sentido, el autor de Entre nosotros agrega: “En el sufrimiento la realidad actúa sobre el en sí de la voluntad que se transforma desesperada en sumisión total a la voluntad del otro. En el sufrimiento, la voluntad se desintegra por la dolencia. En el miedo, la muerte es aún futura, a distancia de nosotros; el sufrimiento, al contrario, realiza en la voluntad la proximidad extrema del ser que amenaza la voluntad.[4].

 

Otro aspecto próximo al sufrimiento es la ternura. La ternura aparece en numerosas ocasiones en la trama narrativa de la novela. Levinas complementa la idea anterior diciendo: “La ternura, sufrimiento sin sufrimiento, se consuela ya al complacerse en su sufrimiento. La ternura es una piedad que se complace, un placer, un sufrimiento transformado en felicidad: la voluptuosidad"[5].

 

La ternura y la hospitalidad no se extinguen ni en Dolores, ni en el pueblo de Comala, a pesar del sufrimiento por el que atraviesan, sino precisamente a través de él. Así, en Pedro Páramo se alude a la ternura cuando se hace referencia a Dolores Preciado en voz de Eduviges Dyada; la ironía está expresada en sentido de que el dolor de Doloritas es tierno, faltaría agregarle lo lejano de la comprensión. Pero en realidad si hay lejanía, pues Doloritas no vió más a Pedro Páramo, por eso en el lecho de muerte, ella le pide a su hijo Juan Preciado que lo busque y le cobre caro el olvido al que los sometió.

De nueva cuenta Lévinas alude, en torno a la dulzura y la ternura:, lo siguiente:

Por su estructura intencional, la dulzura le viene al ser separado a partir del otro. El otro que se revela precisamente -y por su alteridad-  no en un choque negador, sino como el fenómeno original de la dulzura

(...)

De este modo la idea de lo Infinito -que se revela en el rostro- no exige solo un ser separado. La luz del rostro, es necesaria a la separación. Pero al fundar la intimidad de la casa, la idea de lo infinito no provoca la separación por una fuerza cualquiera de oposición y de correspondencia dialéctica, sino por la gracia femenina de su irradiación. La fuerza de oposición y de correspondencia dialéctica destruiría la trascendencia al integrar la síntesis"[6].

 

La hospitalidad y bondad de Eduwiges se hacen patentes al momento en que Juan Preciado toca la puerta de la casa de aquélla y ésta lo recibe ofreciéndole “algo de algo”. Pero ante la hospitalidad y bondad de Eduviges el pueblo operó con hostilidad hacia ella, al grado de que "abusaron de su hospitalidad por esa bondad suya de no querer ofenderlos ni malquistarse con ninguno"[7].

En esta dirección para Lévinas:

 

La visión del rostro como rostro, es una cierta manera de hospedarse en una casa, o por decirlo de una manera menos singular, una cierta forma de vida económica. Ninguna relación humana interhumana podría desarrollarse fuera de la economía. Ningún rostro podría ser abordado con las manos vacías y la casa cerrada: el recogimiento en una casa abierta al otro -la hospitalidad- es el hecho concreto e inicial del recogimiento humano y de la separación, coincide con el deseo del Otro absolutamente trascendente. La casa señalada es todo lo contrario de una raíz. Indica un desapego, un errar que le ha hecho posible, la que no es un menos con relación al instalarse, sino una excedencia de la relación con otro o metafísica"[8].

 

La reacción de odio como opuesta a la ternura y a la hospitalidad esta presente en Pedro Páramo, en esta dirección Lévinas señala:

El odio no desea siempre la muerte del  otro o, al menos, sólo desea la muerte del otro infringiéndole esta muerte como supremo sufrimiento. El que odia busca ser causa de un sufrimiento del cual el odiado debe dar testimonio. Hacer sufrir no es reducir al otro al rango de objeto, sino al contrario, mantenerlo soberbiamente en su subjetividad. Es necesario que, en el sufrimiento, el sujeto sepa de su reificación, pero para esto es necesario precisamente que el sujeto siga siendo sujeto. el que odia quiere las dos cosas. De aquí el carácter insaciable del odio; está satisfecho precisamente cuando no lo está, porque el otro no lo satisface más que el convertir en objeto, pero no podría llegar a ser jamás lo bastante objeto porque se exige, al mismo tiempo que su caída, su lucidez y su testimonio. aquí reside el absurdo lógico del odio"[9].

 

Una especie de flowback ocurre en torno a la violencia ejercida por Pedro Páramo hacia el pueblo de Comala. Ante ello el paso del sufrimiento a la alegría, descrito en Pedro Páramo, supone una ebullición y no tanto el desarrollo o evolución.

 

La organización de alegría en el marco de la ebullición, y no tanto de la evolución, encarna la densificación de matices como una expresión del poder de los grupos subalternos frente a la frivolidad de los explotadores y dominantes, la forma extrema de ésta se expresa con la frase “hasta la alegría cansa”.

 

En cambio las emociones y los sentimientos  de los grupos subalternos transcurren en el contexto hospitalario del pueblo y de sus casas: el dolor, el sufrimiento, el odio, pero sobre todo la alegría y el amor acontecen en un  marco de hospitalidad.

 

Pedro Páramo describe la posibilidad, en la acepción de utopía,  del pueblo desolado, despoblado en espera de lluvia. Cuando el agua desciende y con su humedad penetra los restos humanos animando y reanimando con ello al pueblo de Comala, se activa un gentío de ánimas, de una población que se reactiva. Comala pertenece al grupo de pueblos fantasmas de cuyos habitantes emigran a otros lugares o a los no lugares en busca de otras condiciones de vida y de existencia. Asimismo, es un pueblo sujeto a los caprichos del cacique y que si bien ha sufrido una doble aniquilación ¿cómo después de esos dos acontecimientos (la Revolución Mexicana y la Cristiada) puede tener la capacidad de organizar la alegría?.

 

El problema la transición, en tanto ebullición expresa una modalidad de transición narrativa que consta de matices. Esta se ilustra en Pedro Páramo, en donde el pueblo transita desde una existencia dolorosa, sufriente a una alegre, mediante la organización de la alegría

 

 

Entre los matices que se observan en esa obra encontramos la ternura de Doloritas que expresa profundidad; el deseo del otro en la bondad de Eduwiges que ebullicionará hacia la horizontalidad de los otros en tanto necesidad de ellos; la comprensión presente en algunos personajes que siendo próxima pero al mismo tiempo lejana, será también  irruptora de la horizontalidad rumbo a la profundidad, en la directriz de la ebullición hacia el deseo del otro. De esta manera se constituye la recursión que supone un despliegue orientado  hacia la exterioridad, en su exigencia frente y entre los otros.

 

Mientras tanto Pedro Páramo oscilará entre la necesidad que experimenta hacia Dolores y el deseo infinito, nunca satisfecho suscitado por Susana. Los momentos más dramáticos de necesidad de encuentro con el otro, distinto a él mismo, es cuando evoca o piensa en Susana: el clímax se manifiesta en el momento en el que se desempolva el recuerdo del primer amor y, posiblemente el único de Pedro Páramo: Susana San Juan: "Espere treinta años a que regresaras, Susana. Espere tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, solo el tuyo, el deseo de ti".

 

A Susana la deseaba. A Dolores la necesitaba en términos de concretar un plan estratégico. A esta última no la amaba, la quería para aprovecharse y despojarle de sus bienes. El de Dolores y Pedro fue una boda precipitada, al vapor, pues se produjo a solo tres días después de pedir su mano. Es tal la inocencia de ella que da gracias a Dios por conferirle a Don Pedro "aunque después me aborrezca"[10]. Lévinas alude a una situación distinta al reconocimiento "La superación de la existencia fenomenal o interior, no consiste en recibir el reconocimiento del Otro, sino en ofrecerle su ser. Ser en sí es expresarse, es decir, servir ya al otro"[11]. A Susana la deseaba con un deseo que no se desvanecía sino que crecía conforme avanzaba la imposibilidad de poseerla. Y Susana se le resistía al poderoso no accediendo a las necesidades de éste.

 

De esta manera podrá observarse que el poderoso no ejerce su poder en todas las áreas de su existencia. Susanita en el deseo, dentro de su ambivalencia, es reciproco  y, en su tentativa de diferenciación, es traducible a valores multívocos  cuya diversidad se torna selectiva y exclusiva desde la funcionalidad de las distintas expresiones del poder. Pero ¿qué debemos entender por poder, en sus implicaciones con el deseo? Por su parte el sociólogo italiano Francesco  Alberoni aludirá:

Definir al poder a la manera clásica de la sociología, como posibilidad de imponer una orden, no nos basta. Pero, si partimos del mundo de los deseos, de los impulsos, de las cosas que los hombres desean y quieren, vemos que la realización de estas cosas depende de alguno (o de muchos). Entonces podemos decir que el segundo tiene poder sobre los primeros. En otras palabras, si A es portador de deseos cuya satisfacción depende de B, decimos que B tiene poder sobre A. Esta definición no requiere ninguna acción intencional por parte de los segundos (B), ni de un ejercicio del poder, ni siquiera de la conciencia de poseerlo"[12].

 

Pero también, como lo señala Foucault no hay poder sin resistencia, así vemos resistirse a Susanita, pero también al pueblo que o se le suma al duelo a Pedro Páramo.

 

Susana es deseada por Pedro y que aunque con una tendencia destructiva y desfiguradora hacia el pueblo se ve deformado en el plano del deseo por ella. Sin que medien los valores, de está forma para Lévinas el tratamiento del deseo se convertirá en el trasfondo de muchos de sus ejes temáticos acerca de la subjetividad.

 

Una breve disgresión hacia la cibernética

 

 

La cibernética de primer orden es un programa científico centrado en la modalidad física o de las maquinas[13]. En ella nos encontramos ante la primer versión histórica que marca el hecho significativo de una coautoría de Wiener con el fisiólogo mexicano Arturo Rosenblueth[14]. El proceso interactivo de esa coautoria tuvo como resultado de que Wiener le enseñará matemáticas a Rosenblueth y éste le dierá lecciones de fisiología al matemático norteamericano.

 

Después de Wiener es Gregory Bateson quien aspiró a desarrollar una cibernética de orden social[15]. Para superar la versión cibernética física, basada en las maquinas, debió de respaldarse en la antropología, para desde ahí ir construyendo un proyecto sustentado en la ecología de la mente. En efecto, apoyado en este visión abordó el problema de la recursividad de manera sistemática y profunda. En la opinión emitida por este epistemólogo anglo-americano durante una entrevista, concedida antes de su fallecimiento, señaló que las investigaciones de punta sobre el problema de la recursividad se realizaban en Santiago de Chile, aludidiendo explicitamente a los trabajos de los biólogos Humberto Maturana y Fracisco Varela.

 

Es relevante el curso que sigue la construcción de la cibernética, ya que la de primer orden que tiene una coautoría mexicana inicia una trayectoria en los Estados Unidos para mantenerse en ese país con Bateson y, posteriormente, orientarse hacia el sur, en este caso a Chile, en donde construían una cibernética de segundo orden y desde aquí un tratamiento más exhaustivo de la recursividad.

 

Por lo demás, el término cibernética podría haber entrado en desuso sino es por la contribución de Maturana y Varela, ello le posibiitó mantenerse y desarrollarse, al grado de que, por ejemplo Minsky, el creador de la robótica, ha dicho que se sigue hablando de cibernética debido a las contribuciones de Maturana y Varela. En efecto, las contribuciones de estos dos biólogos chilenos han permitido la permanencia y el desarrollo de ese campo de investigaciones de la ciencia, la cual tiene una incidencia en la terapia familiar, en la de pareja y en pedagogía, entre otros campos.

 

La problemática de la recursividad

 

 

Maturana y Varela hicieron una gran contribución al campo de la recursividad, sin embargo se trata de un tipo de recursividad que, a pesar de considerse, en este marco, a la emoción del amor como aceptación del otro como legitimo otro en la convivencia, de todos modos le subyace un dispositivo centrado en la mismidad en la problemática recursiva de Maturana y Varela. Porque después de todo uno va a comprender, entender, conocer al otro a través del conocimiento. Estos biólogos chilenos al insistir en las determinaciones estructurales dejan un tanto de lado, a nuestra manera de ver, la problemática de las indeterminaciones y las incertidumbres, sobre todo para el plano social. No dudamos que en el campo biológico, que de hecho hay incertidumbres, ya ha sido destacado, sobre todo, por fiscos esta presente esta problemática; pero lo que están subrayando Maturana y Varela es una determinación estructural.

 

Esa determinación estructural condiciona lo que vamos a conocer, aprender, comprender en y de los demás. Entonces en la recursividad inscrita en la biología de la cognición, un dispositivo centrado en la mismidad ante lo cual se manda un desafió desde la ética, sobre todo a la problemática de la recursividad como problema ético supone la diferenciación entre dos planos: la centrada en la mismidad y la orientada a los demás. La recursividad centrada en sí misma es de corte inmanentista; la orientada a los demás cumple una función alterante en términos de propiciar despliegues en la subjetividad de los sujetos participantes en los encuentros[16]. Ese desafío ético orientado hacia los demás ha sido lanzado desde un intento de exploración y búsqueda  a partir de una obra literaria como la de Pedro Páramo. Otros desafíos deberán asumirse y afrontarse con base en otros recursos.

* 7º Encuentro Internacional Literario
  SOLIDARIDAD ENTRE CREADORES
 
Literatura ibero-americana contemporánea
  
Montevideo, Uruguay

 



[1] Fiodor Dostoyevski, El sueño de un hombre ridículo, España, Ältera, 1998, p. 7.

[2] Siendo más precisos Pedro Páramo se publicó por  primera ocasión en el año 1955  bajo la firma de la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica.

[3] Rulfo, Juan Pedro Páramo, FCE, México, 106.

[4] Lévinas, Emmanuel Totalidad e infinito, Sigueme, Barcelona, 1995, p.252.

[5] Ibidem p.  270.

[6] Ibidem, p. 169

[7] Rulfo, Juan Pedro Páramo op. cit. p. 41.

[8] Lévinas, p. 190.

[9] Ibidem,   P. 252-253.

[10] Rulfo, Juan Pedro Páramo, op. cit. p. 52.

[11] Lévinas, Emmanuel Totalidad e infinito op. cit. p. 200.

[12] Francesco Alberoni, Movimiento e institución p. p. 146.

[13] Por su parte para el contexto brasileño son los planteamientos de Vieira Pinto, en opinión de muchos, el más grande filósofo brasileño de izquierda, en donde se rastrea un interés explícito por la cibernética, de hecho cuando habla de autoconocimiento se alude a ella (en Siete Lecciones de educación de adultos p. 21.

[14] Es curioso que los textos soviéticos aludieran dicha coautoría, en cambio textos de autores de otras nacionalidades simplemente pasaban por desapercibida esta situación.

[15] El filosófo, económista y sociólogo brasileño Hugo Assman plantea un punto de vista acertado en cuanto a la función actual de la cibernética: “La cibernética posterior  de segunda o tercer ordenes)  se ocupa sobre todo con la complejidad de los flujos energéticos de las interacciones entre los agentes individuales y medio circundante” Metáfora nuevas para reencantar la educación Epistemología e didatica, Ed Centro Metodista de Piracicaba, Brasil, 2001, p 45.

[16] Es Lévinas en la esfera de la ética quien distingue dos tipos de recurrencia; la recurrencia de sí mismo  y "recurrencia a sí a partir de una exigencia irrecusable del otro, Emmanuel Lèvinas, De otro modo que ser, o más allá de la esencia, Sígueme  1995, p. 171, 176. Desde lo anterior se tiene posibilidad de desarrollar una recursividad diferente a la ontológica y tecnológica".

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