Sincronía Invierno 2000


Lectores y Textos: el caso de Huckleberry Finn
Stephen W. Gilbert
Universidad de Guadalajara


En la larga controversia que ha sido la historia de la recepción de Huckleberry Finn, la novela ha sido criticada argumentando falta de pulcritud gramatical y modales toscos, ha sido censurada achacándole obscenidad, baja estatura moral y ateísmo y se ha prohibido por considerarla anti-sureña. Tan diversos como las razones para atacarla, son sus detractores, quienes abarcan padres de familia, críticos, autores, fundamentalistas religiosos, políticos derechistas e incluso bibliotecarios.

Irónicamente, al señalar Lionel Trilling, a Huck Finn como "uno de los grandes libros del mundo y uno de los documentos centrales de la cultura americana,"(1) y T. S. Eliot, declararla "una obra maestra,"(2) le causaron, posiblemente, el máximo daño que puede sufrir una novela. Los endosos rotundos de Eliot y Trilling le proporcionaron la respetabilidad académica y aseguraron su admisión en los aulas de los Estados Unidos. El atrincheramiento de Huck en los planes de estudios literarios de escuelas secundarias y preparatorias coincidió con el Brown vs. Topeka Board of Education, el caso de la Corte Suprema que puso fin a la segregación escolar pública, si no real, por lo menos legalmente, en 1954. Este hecho, y el movimiento de los derechos civiles pusieron la novela en el centro de las clases de literatura americana, que hasta entonces se componían únicamente de muchachos blancos, y a las que, ha partir de ese momento, se integraron, también, estudiantes negros. En las caras de estos niños de la revolución de los derechos civiles, Huck se encontró el grupo que se volvería su enemigo más persistente y formidable. Mientras las objeciones de facciones fundamentalistas religiosas fueron transitorias y risibles, la indignación de los estudiantes negros y de sus padres hacia el retrato de los negros en Huck Finn no tenía nada de cómica o éfimera.

Sin embargo, Ralph Ellison sostiene en "Cambia el Chiste y se Resbala el Yugo," (3) que "Al escribir en un momento en que el trovador (minstrel) del blackface todavía era popular, y poco después de una guerra que dejó cansados aún a los abolicionistas de esos problemas asociados con el Negro, Twain integró a Jim, personaje negro de la novela en los contornos de la tradición del trovador (minstrel), y sólo desde atrás de esta máscara del estereotipo, pede verse la dignidad y capacidad humana de Jim, y la complejidad de Twain." Pero los críticos se han enfocado a menudo en la primera mitad de esta declaración, y han ignorado la segunda. Ellison se refiere al minstrelsy como una "máscara" y señala que la dignidad de Jim y su capacidad humana surgen "de atras" de esta máscara. Eric Lott ha observado, "los triunfos de Jim y las ironías de Twain tienen que ser detalladamente descifradas igual que el futuro de Huck a través de la pelota de pelo de Jim."

El guión de Ralph Wiley, "El ‘Huckleberry Finn’ de Spike Lee"(4) proporciona un nuevo episodio fascinante en este proceso de "desciframiento". Ralph Wiley es un crítico prolífico de las relaciones raciales en los Estados Unidos. Sus libros incluyen Dark Witness: When Black People Should Be Sacrificed (Again) and Why Black People Tend to Shout: Cold Facts and Wry Views from a Black Man's World. Ha sido co-autor de dos libros con Spike Lee: By Any Means Necessary: The Trials and Tribulations of the Making of Malcolm X y Best Seat in the House, un testimonio que luego se adaptó para la película He Got Game. Su guión para "Spike Lee's Huckleberry Finn" esta actualmente "bajo la consideración" de Spike Lee. Aunque no sabemos si van a hacer la película, la idea es suficiente.

Considera la famosa escena de la balsa en la niebla. Wiley no puede creer que los críticos generalmente asuman que ese Jim está desconcertado por la insistencia de Huck en que la niebla es sólo un sueño. Para creer en la mentira de Huck, sostiene Wiley, Jim tendría que ser ciego: las señales físicas de lo que sufrió la balsa están alrededor de él, por todos lados. Tendría, además, que estar él mismo fuera de su cuerpo; su brazo está sobre de lo que habría sido un remo si no estuviera destruido en la niebla. Jim debe estar agotado físicamente, continúa Wiley, y es completamente consciente de lo que ha pasado. Los "largos cinco minutos" en que él está callado después de que Huck le dice que todo es un sueño, no se deben a su estupefacción o desconcierto, Wiley defiende, sino a su duda genuina sobre qué hacer con este muchacho blanco al que él esta enseñando, entrenando, amando, criando, y de quien él esperaba más. Se deben a su desilusión al comprender que este muchacho blanco es como los demás - que no sabe nada, que no ha aprendido nada. Se deben a su resignación ante la dureza de Huck ahí donde él esperaba sensibilidad, a su egoísmo donde esperaba simpatía. Wiley apenas puede creer que los críticos hayan tomado la contestación de Jim del valor de "poner la cara" hechándole la culpa a él (y a Twain) por la naturaleza de blackface de la escena. Porque para Wiley cualquier blackface que está presente es claramente "puesta" para la ocasión. Y en su guión, Jim acentúa el dialecto, lo profundiza , y eso da énfasis a la naturaleza de "performance" de él. Es casi como si él le dijera, "OK, Huck. ¿Tú quieres el negrito tonto? ¡Ahí tienes un negrito tonto! Vas a tener un negrito tonto hasta que te aburras. Y cuando estes, finalmente, cansado del negrito tonto, entonces vas a tener la verdad". La verdad que Jim dice a Huck- quien se ha portado de lo peor-es áspera. E intrépida para que un esclavo la diga a una persona blanca.De eso, por lo menos, los críticos se han dado cuenta. Pero lo que ellos no han tomado en cuenta, y que Wiley les obliga a que consideren, es la posibilidad de que Jim pueda estar a cargo de su actuación a cada paso.

Algunos defensores de las sensibilidades raciales de Twain asignan un papel más significante al retrato inicial de Jim que el telón no más. La rubrica de " la ideología en escena (performed)" caracteríza la interpretación de Steven Mailloux (5) de Jim cuando él aparece en los "debates filosóficos" con Huck hacia el inicio de la novela. Mailloux explica cómo un "texto literario puede tomar la retórica ideológica de su momento histórico... y ponerla en una plataforma de ficción". Como "un drama ideológico," el texto literario, Huckleberry Finn en este caso, invita a los lectores a hacerse espectadores y actores en una actuación retórica. De hecho, el éxito del drama ideológico depende de la participación del lector: "El humor y a menudo el punto ideológico de los argumentos puestos en escena... cuentan con la cpacidad del lector de reconocer modelos de argumentación falsa". Dentro del contexto de actuaciones retóricas, entonces, las escenas de blackface de Jim sirven "como la critica [ ideológica] de la supremacía blanca". En cada caso, sin embargo, el dominio de la humanidad de Jim sobre el discurso racial de supremacía blanca depende del reconocimiento del lector de la diferencia entre las dos ideologías.

El trabajo interpretivo que Mailloux hace sobre la "pregunta francesa" en el capítulo 14 exonera el pasaje de cualquier negatividad racial. El comentario desdeñoso de Huck de que "uno no puede enseñar a un negro a discutir" caracteríza al debate como algo más que una versión literaria de un diálogo del blackface si los lectores no reconocen la retórica superior de Jim. "Es claro que los lectores rechazan la mancha racista como una racionalización. Ellos saben que Huck se rinde porque él ha perdido el debate: precisamente es porque Jim ha aprendido a defender imitando a Huck que él reduce a su maestro al silencio.

Lejos de demostrar que el conocimiento de Jim es inferior, el debate dramatiza su superioridad argumentativa, y precisamente porque trata "un punto ideológico serio a través de una retórica del humor." La perspicacia crítica y vigorosa con que Mailloux se acerca al papel jugado por Jim es ilustrativo de las tachuelas interpretativas tomadas por académicos. La mayoría ven la caracterización de Jim como un esfuerzo irónico para transcender los mismos prejuicios que los disidentes lo acusan de perpetuar.

Para neutralizar la respuesta emocional que la palabra "nigger" causa en muchos lectores negros, algunos estudiosos han tratado de revelar la función positiva que la palabra desempeña en la novela exponiendo la diferencia entre el efecto deshumanizador de la palabra y la humanidad real de Jim. Leslie Fiedler (6) cita el pasaje en que Huck miente a Tía Sally sobre una explosión del buque de vapor que no hirió a nadie pero "mató un nigger," y Tía Sally responde insensiblemente, "Que buena suerte, porque a veces se hieren las personas" (cap. 32); Fiedler nota que el pasaje rebosa de humor a costa de Tía Sally y de las convenciones que ella representa. Pero Fiedler también es de la opinión que Huck no entiende el chiste--no reconoce el humor del hecho de que él y Tía Sally, al "deshumanizar el negro, disminuyen su propia humanidad". A los enemigos de Huck les parece (y también a mí) que si Huck no entiende el chiste, no hay ningún chiste entonces, y él resulta tan culpable como Tía Sally.

Pero qué tal si Huck sí entiende el chiste. Ésta es la lectura que nos ofrece el guión de Wiley. No sólo eso, pero una táctica diestra de Huck para averiguar si Tía Sally podría ser un posible aliado en sus esfuerzos por Jim.

La crítica más tradicional muestra una fe en Huck que se base en la manera en que Huck descarga su famosa "crisis de conciencia," menos de veinticuatro horas antes de su encuentro con Tía Sally. No hay ninguna manera de negar la rectitud de la decisión de Huck de arriesgar su alma por Jim. Pero no hay ninguna razón tangible para asumir que la admiración que Huck adquiere por Jim durante su odisea se generalice para abarcar a todos los negros. Más aún, la opción de Huck de "ir al infierno" tiene poco que ver con cualquier respeto él haya adquirido por Jim como un ser humano con derecho inalienable a no ser poseído por nadie. Más bien, su afecto personal hacia el esclavo gobierna su derrocamiento de mores sociales. Debe recordarse que Huck no califica la esclavitud de estar equivocada; sino que desatiende un sistema que él cree finalmente que es correcto selectivamente. Así, según la critica tradicional, cuando él deserta con Tía Sally, está expresando puntos de vista que todavía sostiene. Sus actitudes emancipatorias sólo llegan a su amor porJim.

En gran parte, creo, el problema que hemos tenido se puede observar aquí, en las dos lecturas de la misma escena. Si consideramos la posibilidad de leer desde la perspectiva de Huck, si ejercemos un poco de imaginación en cuanto a lo que él es, posiblemente, tenemos un Huck que ha aprendido algo de la "retórica de la máscara." Retórica que Jim ha manejado toda su vida. En cambio, leyendo "desde afuera" buscando necesariamente reflexiones de nuestra propia ideología (ideología que consiste esencialmente en la necesidad de disculpar un racismo prevaleciente en la novela y también en la sociedad), es posible inventar un Huck que necesite nuestro perdón, y tener así la experiencia de la superioridad moral frente a él.

Pero los lectores negros llevan consigo necesidades diferentes a su lectura de la novela.

En su ensayo "Cambia el Chiste y se Resbala el Yugo," Ralph Ellison examina lo que Twain hace con la figura del trovador blackface.. Aunque Twain puso a Jim en el molde de la tradición del blackface , Ellison cree que observamos que "la dignidad de Jim y su capacidad humana" surgen desde "detrás de esta máscara del estereotipo". Todavía en virtud de su máscara del trovador, el papel de Jim como adulto se socava, y él parece a menudo más infantil que Huck. Aunque Ellison escribe que "es nada impar que este figura de la diversión blanca [el "darky" del blackface] es para el Negro un símbolo de todo lo que ellos rechazaron en lo qu el hombre blanco está pensando sobre la racialidad," su último análisis parece ser que la humanidad de Jim transciende los límites de la tradición blackface.

La ofensa particular a los negros en los capítulos finales de Huck Finn es, en parte, el resultado de las expectativas que Twain ha construido durante el paseo de la balsa río abajo. Cuando los dos fugitivos flotan en el Mississippi, Huck (junto con el lector) observa a Jim surgir como un hombre cuya dignidad y auto-respeto empequeñecen la máscara del minstrel. Nadie puede negar la sabia indignación demostrada por Jim cuando Huck intenta convencerlo de que él ha sólo soñado su separación durante la noche de la niebla cerrada. El propio Huck está tan impresionado por la pasión de Jim que se humilla "a un negro" y "no lo lamente después en la vida tampoco."

Es en la calidad personal de la relación entre Huck y Jim donde los lectores de mi generación, y de generaciones anteriores , localizan lo que se puso tan importante para defender durante los años de la lucha por los derechos civiles, y en los debates que siguen vigentes sobre la importancia de HF. Si este muchacho heroico fuera capaz de una relación no-racista con un amigo negro, la implicación es que aquéllos de nosotros quienes lo admiramos podríamos compartir esa naturaleza del no-racista.

La presencia de lectores negros en nuestras escuelas, y el dolor que ellos sufrieron a leer lo que parecía caracterizaciones racistas del negro, dio lugar a dos grupos sociales distintos de lectores. Aquéllos, como Nat Hentoff(7) del Village Voice que estaba determinado a salvar HF de cualquier imputación de racismo, y otros, como John Wallace(8), maestro (irónicamente) en la Secudaria "Mark Twain" en Virginia que lo quiso prohibir en las escuelas públicas por ser "basura racista."

Lo que yo encuentro interesante es la insistencia de los defensores de HF de que debe continuar siendo un "el texto central de nuestra cultura". Parece que nuestra necesidad de que Huck sea un héroe, y nuestra necesidad de creer en su capacidad de mantener algo como una amistad no-racista con un hombre negro, mientras continua viviendo en, y se beneficia de, las estructuras del racismo, es de hecho, muy profundo.

Que un texto literario se vuelve un sitio de atracción de las tensiones políticas en una sociedad no es ciertamente nada nuevo. Tampoco lo es que los diversos sectores lo lean de manera diferente.

Lo que yo encuentro curioso en los recientes desarrollos es la habilidad de un crítico (singularmente, hasta donde yo puedo decir) de leer la novela desde la perspectiva de Jim. No sólo descubriendo lo que Huck podrían parecer a Jim, sino también descubriendo quién es Jim para él mismo. Para los lectores blancos típicos, entre quienes yo me cuento, Jim ha sido siempre el objeto del afecto de Huck, y el motivo del crecimiento moral de Huck. La mayoría de nosotros nunca lo vimos como un actor coherente o un agente consciente, un maestro cuidadoso y especializado.

Y una vez que lo vemos desde esta perspectiva, el "fracaso moral" de los últimos capìtulos del libro se puede leer de una nueva manera. Durante décadas, los críticos se burlaron del fracaso de Twain para evadir el fin que la novela exigía moralmente, o bien, escribieron argumentos torturosos que explican cómo el fin no era en absoluto un fracaso.

Pero es un fracaso. Aunque no es el fracaso de Twain. Es de Huck. Y de nosotros. El argumento es persuasivo que, de hecho, la re-esclavitud ritual de Jim en los juegos crueles, infantiles de Tom Sawyer promulgan (enact) el re-establecimiento de las relaciones sociales anteriores a la guerra civil en el Sur que se impusieron después de la terminación formal del periodo de la Reconstrucción. Mirando a Huck desde la perspectiva de Jim, nosotros aprendemos que no importa qué tan auténtica una actitud personal no-racista podría ser, nuestra complicidad con el racismo y nuestra voluntad de re-esclavizar al hombre negro es pronta e irreflexivamente ofrecida.

Lo qué Bernard DeVoto(9) llamó el "frio descenso" de la novela es un espejo del descenso igualmente frío de ese capítulo de la historia. Como W.E.B. Du Bois lo dice en su libro La Reconstrucción Negra(10), "El esclavo era libre; se paró un momento breve en el sol; y luego se movió de nuevo hacia a la esclavitud."

La novela ha sido parte de una noche larga durante la cual nos hemos mentido a nosotros mismos acerca del fin del racismo en los Estados Unidos. Si Huck puede ayudar a Jim en su vuelo hacia la libertad, y su decisión moral es suficiente para su propia redención, entonces ninguno de nosotros necesita confrontar la habilidad permanente de cada uno de nosotros de participar en la re-esclavitud de personas negras. La mis-lectura de un texto central de una cultura o sociedad tiene la capacidad de producir una sociedad que depende de su relacion equivocada con dicho texto, para seguir siendo esquizofrénicamente capaz de creer una cosa y hacer otra.

Cuando los lectores negros empezaron a confrontar "el documento central," un nuevo lector entró en la escena. Un lector que en el primer caso no permitiría pasar incontestado el uso de formulas de odio ofensivas , y más tarde, un lector que miraría al Huck como algo diferente de un "Nuevo Adán americano," como algo otra que el "inocente"; de hecho, como un miembro complicito de una sociedad racista cuyo amistad con Jim, mientras admirable y real, y conmoviendo, no es nada suficiente.

El texto produjo estos lectores. Y estos lectores nos invitan a una nueva lectura del texto. La esperanza es que nuevas lecturas de textos centrales pueden contribuir a cambios en las sociedades.

 

NOTAS

1. Lionel Trilling, Introduction to Adventures of Huckleberry Finn (New York: Rinehart, 1948) v­xviii; reprinted in Norton Critical Edition of Adventures of Huckleberry Finn, 2nd ed., ed. Sculley Bradley et al. (New York: Norton, 1977) 318.

2. T. S. Eliot, Introduction to Adventures of Huckleberry Finn (London: Cresset, 19 5 0) vii­xvi; reprinted in Norton Critical Edition of Adventures of Huckleberry Finn, 2nd ed., ed. Sculley Bradley et al. (New York: Norton, 1977) 328.

3. Ralph Ellison, "Change the Joke and Slip the Yoke," Partisan Review 15 (Spring 1958): 212­2.2; reprinted in Ellison's Shadow and Act (New York: Random House, 19 64) 45 ­ 59.

4. Ralph Wiley,   “Spike Lee’s Huckleberry Finn.” (unpublished screenplay) © copyright Ralph Wiley, 1997; WGA-E Registered #107314-00.

5. Steven Mailloux, "Reading Huckleberry Finn: The Rhetoric of Performed Ideology," New Essays on "Huckleberry Finn," ed. Louis J. Budd (Cambridge, Eng.: Cambridge UP, 1985) 107­3 3.

6. Leslie Fiedler, "Huckleberry Finn: The Book We Love to Hate," Proteaus 1.2. (Fall 1984): 6.

7. Nat Hentoff, "Huck Finn and the Shortchanging of Black Kids," Village Voice 18 May 19 8 z.

8. John Wallace, "The Case against Huck Finn,"  in   Satire and Evasion: Black Perspectives on Huckleberry Finn, Duke University Press, 1992

9. Bernard De Voto, Mark Twain's America, University of Nebraska Press, 1997 (1978).

10. W.E.B. Dubois, Black Reconstruction: An Essay Toward a History of the Part Which Black Folk Played in the Attempt to Reconstruct Democracy in America (1860-1880), Reprint Services Corp., 1935.


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