Sincronía Otoño 2000


La fiesta en Juan Rulfo: Estructura y significación en "El día del derrumbe"

Claudia Macías Rodríguez
Universidad de Guadalajara


"El día del derrumbe" es uno de los cuentos publicados posteriormente a El Llano en llamas (1953). Aparece en "México en la Cultura" en 1955, el mismo año de la publicación de Pedro Páramo (1). Los críticos han señalado que el humorismo de Rulfo está presente, tanto en este cuento como en "Anacleto Morones", como un recurso para examinar la vida desde otra perspectiva (2). No obstante, es uno de los cuentos menos estudiados en cuanto al fenómeno de la fiesta se refiere. Por ello, trataremos de mostrar mediante un análisis minucioso cómo en "El día del derrumbe" la fiesta permite y propicia el cuestionamiento del principio de autoridad.

Rulfo, en el prólogo a sus obras para la editorial Aguilar, señala a propósito del carácter de la mayoría de los mexicanos frente a las calamidades:

Somos un pueblo acostumbrado a soportar los peores desastres, a vivir, como quien dice, entre ruinas. [...] No debemos, pues, lamentarnos de nuestras miserias. Lo hacemos sólo por el gusto de quejarnos de todo. Siempre. Y siempre hemos buscado a un amigo sólo para contarle nuestras dolencias. (3)

Tal parece que el gusto de quejarnos de todo al recordar los desastres puede llegar, como en "El día del derrumbe", a preferir el gusto que la queja (quejarnos con gusto), puede llegar a convertir la visita de un gobernador a los dolientes "y a los que habían perdido sus casas [...] en una borrachera de las buenas" (4).

Tuzcacuexco (5) sufre un terremoto, y cuando la gente se ocupa en levantar de nuevo sus casas llega el gobernador acompañado de especialistas en visita de reconocimiento. Las actividades de trabajo se suspenden y se organiza una comida para la comitiva. La reunión se transforma en una fiesta que va subiendo de tono hasta terminar en balacera y pleito callejero, dejando como saldo un muerto.

Este sencillo argumento entreteje un complicado juego de voces, diversos tonos de lenguaje irónico, un humor muy fino y la vivencia de la fiesta para plantear un sinnúmero de problemas, tanto discursivos como de significación, algunos de los cuales trataremos de abordar.

1. El problema de las voces

El cuento inicia con los recuerdos que el narrador y un personaje, Melitón, comparten en forma de diálogo. Ninguno de los dos tiene fresca en su memoria la fecha del terremoto, pero sí la visita del gobernador. Cada uno va aportando el relato de los momentos que recuerda con mayor precisión, sin olvidar la presencia de su interlocutor.

Hasta aquí, todo parece muy sencillo. Sin embargo, desde la primera página, el narrador dirige el discurso -diálogo y narraciones- a unos terceros que están siempre presentes y que bien podrían ser los lectores. "Pero espérense. Oye, Melitón...", "el temblor ese que les digo...", "todos ustedes saben que...", "como les estaba diciendo...", "aunque ustedes no lo quieran creer...", "con esto les digo todo", "hubieran visto al gobernador ahí de pie...".

A lo anterior se suma el complejo sistema de entrecomillado que se utiliza para indicar el cambio de voces y la inclusión de unas en otras por medio de las citas (6), así como el cambio en los tiempos verbales que van desde el pasado hasta el presente. Todo ello da por resultado la combinación en el texto de voces recordadas y voces directas, de momentos recordados y momentos actualizados que -y aquí el interés de este trabajo- están en coordinación con los tres momentos que enseguida señalaremos de la fiesta.

2. Tres fases de la fiesta

a) Origen de la fiesta

La llegada de la autoridad a la zona de desastre motiva la reunión. La comunidad se siente agradecida por la visita del gobernador, y en correspondencia, le ofrece una comida a él y a sus acompañantes. Esta primera circunstancia confiere a la reunión un tono ritual si se la compara con el don. La cosa recibida en don -en este caso la visita del gobernador- obliga a la retribución y establece ciertos lazos entre el dador y el datario (7), lo que supone un primer indicio de acercamiento entre dos sectores estructuralmente distantes.

Por otra parte, el trabajo de restauración de las viviendas se suspende por la visita del gobernador y la actividad se trueca en la organización de la bienvenida. Esta segunda circunstancia deja paso a un tiempo diferente. Ordinariamente, las fiestas establecen una ruptura en la sucesión de los trabajos. El tiempo adopta una diferenciación primaria entre tiempo laboral y tiempo festivo. El trabajo es un tiempo y una actividad seria, la fiesta es un tiempo y una actividad alegre, bulliciosa.

Finalmente, la primera alusión a la comida que se ofrece dice, "¿como cuánto dinero nos costó darles de comer a los acompañantes del gobernador?" (p. 152). La carga irónica de la pregunta se refuerza con la frase anterior, "no crean ustedes que venía solo", y se consolida cuando luego se indica que "todos los camiones se habían ocupado en el acarreo de la gente del gobernador" (p. 154). La autoridad, que debía ser la que llevara ayuda a la comunidad afectada, recibe un festejo que supone el esfuerzo y el agotamiento de las pocas provisiones de la comunidad. La situación precaria del pueblo se expresa como símbolo de la tensión de la sociedad en la que surge la fiesta.

Podríamos decir que se presenta una inversión de papeles. Los rituales de inversión de status se celebran también en ocasiones excepcionales, como cuando una calamidad amenaza a toda la comunidad, ya que dichos ritos compensatorios se celebran precisamente porque la comunidad entera se siente amenazada, porque cree que ciertas irregularidades históricas alteran el equilibrio natural entre las que se consideran categorías estructurales permanentes. Esta tercera circunstancia, además de reafirmar el carácter ritual de la convivencia, adelanta el tipo de celebración que tendrá lugar (8).

El recuerdo de lo anterior tiene lugar bajo la forma de diálogo y sin complicación todavía de identificación de voces. Dos miembros de la comunidad -narrador/personaje y Melitón- recuerdan el origen de la fiesta. Resulta interesante mencionar que el texto se inicia con una indefinición temporal y espacial. El primer diálogo trata de establecer la fecha y el lugar de los sucesos que luego vendrán. La imprecisión espacio temporal es un marco idóneo para la evocación del origen de la fiesta.

b) La fiesta para la autoridad

Esta fase comprende desde el inicio de la comida hasta la reseña del primer discurso. El segundo momento está a cargo del narrador y no presenta todavía ninguna voz ajena a los interlocutores. La memoria del narrador es la encargada de contar esta primera parte de la fiesta.

La gente "estaba que se le reventaba el pescuezo de tanto estirarlo para poder ver [cómo comía] el gobernador" (p. 153). Se mantiene todavía cierta distancia entre los dos sectores heterogéneos, el pueblo y los que vienen de fuera. Los papeles que asume el pueblo dentro de la fiesta (especie de mayordomía al financiarla y su participación activa en la organización) sólo lo mantienen como público, como espectador, aunque se diga que con eso estaba contento (9).

Desde el principio no se deja de insistir en la importancia del ver. El gobernador "venía a ver qué ayuda podía prestar con su presencia", "con que se presente el gobernador, con tal de que la gente lo mire, todo queda arreglado" (p. 152). Si el pueblo está atento a lo que el gobernador hace, también la actitud del gobernador no rebasa este límite. Dice el narrador, "la cuestión está en que al menos venga a ver lo que sucede", "cayó por aquí el gobernador para ver cómo nos había tratado el terremoto" (p. 152), y luego ya en durante la fiesta, "miraba a los que cantaban, y movía la cabeza [...] se sentía feliz" (p. 153).

Toda fiesta, y especialmente el carnaval, es también un espectáculo donde la distancia entre el espectador y la acción se reduce al mínimo de tal modo que pueda ser restablecida. El carácter de espectáculo de la fiesta se presenta en este cuento por partida doble. El pueblo contempla y goza con ver cómo el gobernador disfruta de la comida que le prepararon y procura no perder detalle de su actitud. El gobernador por su parte se mantiene en la postura de observador (primero de los desastres y ahora del agasajo) cumpliendo con ello parte de su misión.

Ahora bien, el lenguaje irónico que media todos estos sucesos imprime una significación especial a este espectáculo doble. Mientras el pueblo ve "cómo se había comido el guajolote", "cómo era de rápido para levantar una tortilla", "él tan tranquilo, tan serio, limpiándose las manos en los calcetines" (p. 153), el gobernador mira cómo la reunión cumple el cometido que le interesa y el narrador -que le adivina el pensamiento- dice, "no cabe duda que se sentía feliz, porque su pueblo era feliz" (Idem). La figura del gobernador sirve de blanco al ironista que en este texto está por encima del narrador (10).

La comida fue un éxito. El guajolote, las tortillas, el guacamole y el ponche de granada hicieron lo suyo y favorecieron el ambiente festivo y, como señala Bajtín, la liberación del lenguaje (11). "Cuando el ponche de granada se les subió a la cabeza, comenzaron a cantar todos en coro" (p. 153) (12). La canción que se repite "como disco rayado" es una que dice, "no sabes del alma las horas de luto". Canción que deja ver claramente un tono de duelo --porque a fin de cuentas se trata de una visita a los dolientes-- que contrasta con el auge que la fiesta va tomando.

El ambiente está preparado ya para recibir la primera arenga. El narrador resume "lo que recitó aquel fulano", un "catrín" que acompañaba al gobernador, diciendo:

Habló de Juárez que nosotros teníamos levantado en la plaza y hasta entonces supimos que era la estatua de Juárez, pues nunca nadie nos había podido decir quién era el individuo que estaba encaramado en el monumento aquél. (p. 154).

El narrador aprovecha para hacer alusión a las fiestas patrias: fiesta de la Independencia por la mención a Hidalgo y Morelos, y de la conmemoración de la Revolución por la mención a Carranza; la "función" en cada ocasión se celebraba aprovechando la estatua que ahora sabían que era de Juárez. En esta brevísima síntesis se pone de manifiesto el desconocimiento que el pueblo tiene de la historia. Una historia con eventos que, sin embargo, celebra puntualmente.

Pero no todo queda aquí. Con el precedente de la carga irónica, se hace necesario indagar más a fondo hasta dónde puede conducirnos la ambigüedad de los elementos citados para tratar de explicar qué es lo que quiere señalar el autor. El discurso se ha pronunciado dentro de un ambiente festivo, lo cual supone automáticamente una desacralización de la palabra oficial.

El discurso sólo habla de Juárez, y el narrador hace extensiva la alusión a la estatua que de él poseen en la plaza (13) y a las funciones que ante ella celebran cuando se trataba de Hidalgo, Morelos o Carranza. De estos cuatro personajes de la historia, dos escapan a la burla y dos son blanco de ella.

Arguedas, al recordar su convivencia con Rulfo durante su visita a Guadalajara, dice:

Me hablaste muy mal de Juárez. No debí sorprenderme de la heterodoxia con que ordenabas las causas y efectos de la historia mexicana, de cómo parecía que conocías a fondo, tanto o mejor que tu propia vida, esa historia. Y me hiciste reír describiendo al viejo Juárez como a un sujeto algo ne fasto y con facha de mamarracho. (14)

Tal parece, entonces, que no era igual que el discurso hubiera tratado de un prócer de la historia o de cualquier otro. Por su parte, la mención de la celebración de la Revolución parece más cargada de una doble significación que la de la Independencia. ¿Por qué justamente Carranza?

En Carranza, la fuerza impulsiva de todas sus acciones era su ambición personal disfrazada de patriotismo. Villa le puso el apodo de "chocolatero", es decir, oportunista. Carranza proclama el Plan de Guadalupe, el cual no dice una sola palabra acerca de fraccionar los grandes latifundios, ni de mejorar la suerte de los trabajadores, ni de procurar el mayor bienestar del pueblo en ningún sentido. Carranza, que era también hacendado, no dividió sus propias haciendas. La voz popular lo recuerda cantando coplas burlescas: "Con las barbas de Carranza / voy a hacer una toquilla, / para verla en el sombrero / ¡Del general Pancho Villa!". La alusión a Carranza, como representante de la Revolución Mexicana, lleva consigo el cuestionamiento de ella, y si voy más lejos, de la Proclamación de la Constitución, que también se celebra como fiesta nacional, el día 5 de febrero.

La fiesta ha servido de marco, hasta este momento, para el primer cuestionamiento de la palabra oficial. El pueblo desconoce a los héroes de su historia aunque los celebra. Asimismo, ha permitido que tanto el pueblo como la autoridad que lo visita se contemplen mutuamente, disfrutando cada uno a su manera del espectáculo que el otro le ofrece.

La fiesta en contra de la autoridad

La tercera fase de la fiesta comprende desde el momento en que "aquello [...] se convirtió en una borrachera de las buenas" (p. 154), hasta el final del texto. Es a partir de aquí que la determinación de las voces se complica por medio del sistema de entrecomillado doble y sencillo, que abre y cierra, que abre y no cierra, y que comprende unas voces dentro de otras. La voz del narrador, que no había necesitado ningún rasgo tipográfico salvo el guión del diálogo, aparece entre comillas, lo que supone que ahora el narrador es una voz más entre todas las que se dejarán oír.

La llegada de los músicos refuerza el ambiente de fiesta. Aumenta el consumo de comida y bebida, y el espectáculo se transforma en algo digno de verse, "aquello estaba de haberse visto" (p. 155). Aquí, todavía, el narrador puede guardar distancia de los hechos, "nosotros nos reíamos cuando decían que estaba muy buena la barbacoa", se ríe de "la gente aquella que parecía no tener llenadero" (Idem.). Sin embargo, el pueblo ha podido conformar ya una verdadera comunidad (15), en la que ha reducido considerablemente la distancia entre las autoridades locales y el pueblo,

 

allí estábamos para servirlos; porque como dijo Liborio, el administrador del Timbre (16), que entre paréntesis siempre fue muy agarrado, 'no importa que esta recepción nos cueste lo que nos cueste que para algo ha de servir el dinero' y luego tú, Melitón, que por ese tiempo eras presidente municipal, y que hasta te desconocí cuando dijiste: 'que se chorrié el ponche, una visita de éstas no se desmerece' (Idem.).

El narrador, una voz más del pueblo, puede ahora juzgar a los representantes de la autoridad oficial -"siempre fue muy agarrado", "te desconocí cuando dijiste"-, y tanto autoridades locales como el resto de la población unen sus esfuerzos para agasajar a la autoridad que viene de fuera, "allí estábamos para servirlos". La integración de la comunidad permite colocar en un plano especial a la autoridad oficial -foránea- que será ahora el blanco del juego del lenguaje irónico y del juego de las estructuras textuales.

Más comida, más ponche de granada y más libertad del lenguaje. El ambiente de fiesta, en todo su apogeo, será el marco del discurso del gobernador. En los géneros carnavalesco, entre ellos la sátira menipea. Bajtín dice a propósito, "son características las escenas de escándalos, de conductas excéntricas, de discursos y apariciones inoportunas, es decir, de toda clase de violaciones del curso normal y común de acontecimientos, de reglas establecidas, de comportamientos y e incluso de conducta discursiva" (17).

El discurso presenta cuatro partes, que además de estar marcadas por las interrupciones de aplausos, vivas o conatos de pleito, se diferencian unas de otras por los planos en que se presenta la voz del gobernador, según indicaré enseguida (18), y los grados de parodización (19) que van sufriendo.

1a. PARTE : Fragmento citado por Melitón e incluido en las comillas que abre el narrador. La voz del gobernador se deja oír, en tiempo presente (20), aunque mediatizado por las dos voces que dialogan. Habla de:

1) sus promesas como candidato,

2) la honradez del presidente,

3) los principios democráticos,

4) la unión con el pueblo, y

5) el idealismo revolucionario.

Esta primera parte es prácticamente un calco de la demagogia de los discursos políticos reales. Aunque resulta irónico que sean precisamente esos cinco puntos los que inicien el discurso.

2a. PARTE: Fragmento que se deja oír luego de un breve diálogo entre el narrador y Melitón, quienes ahora quedan fuera del marco de esta voz. El mismo tipo de comillas, que antes convirtiera la voz del narrador en una más en el texto, comprende ahora esta parte del discurso del gobernador. Nos acercamos, pues, un poco más a la voz de la autoridad.

Habla de nuevo:

de sus promesas como candidato,

del beneficio colectivo "no [...] subjuntivo, ni participio", lo que hace pensar en que desconoce el significado de esa frase, y

del temblor como "caso paradojal de la naturaleza" no previsto en su programa. La parodia comienza a ganar espacio en el discurso.

3a. PARTE: Fragmento independiente, no subordinado a otra voz. Aparece marcado con comilla triple -doble más sencilla- que al final cierra de la misma manera, sin incluir y sin incluirse en ninguna otra voz. La parodia, a partir de este momento, se recrudece pues no sólo afecta a los discursos políticos en general, sino al mismo discurso que se ha dejado oír en las dos primeras partes.

Habla:

del terremoto como castigo de la naturaleza,

de su "presencia receptiva en el centro del epicentro telúrico",

de los hogares devastados, y

de la reconstrucción de hogares.

Todo ello en un tono que lo lleva a negar que hubiera de su parte un "deseo neroniano de gozarse en el dolor", antes bien, el espíritu fraternal ("hermanalmente dispuestos") que más se acercaría a la relación entre Caín y Abel que ha marcado Yvette Jiménez de Báez. Llega al extremo de lamentar el desastre, "me duele", y a elevar la "clamante dolencia por los muertos insepultos".

4a. PARTE: Fragmento independiente, incluido en triples comillas, como el anterior, pero que ahora incluye la cita de Díaz del Castillo. El tono plañidero llega al máximo, no sólo al reiterar el "me duele", sino al repetirlo con mayor exaltación, "¡me duele!", y al incorporar el uso del vosotros.

Habla:

de la ayuda que brindarán con su poder,

de las fuerzas vivas del Estado que ayudarán a los damnificados,

otra vez de la "hecatombe nunca predecida ni deseada", y

de que "su regencia no terminará sin haberos cumplido" (21).

Un rasgo final, no menos irónico que todo lo anterior, cierra el discurso: el gobernador, representante de la autoridad oficial, que además es general (22), alienta en términos de fe al pueblo, "no creo que la voluntad de Dios haya sido la de causaros detrimento, la de desaposentaros...".

Cuando se dice que la fiesta es una forma de transgresión de las reglas establecidas se piensa en el juego (23) que, efectivamente, perturba las normas y frecuentemente las disuelve. La fiesta implica una irrupción fuera del sistema constituido, y la transgresión es todavía más fuerte cuando se sitúa fuera de toda regla y de toda norma y cuando no piensa en violarlas. En este cuento, la intención del supuesto narrador del discurso del gobernador, Melitón, está lejos de toda la ironía y parodización que el lector percibe (24), lo cual es muestra del poder del 'ello' que se descubre con su indiferencia.

La voz de la autoridad se interrumpe con un pleito. Algunos miembros de la comitiva pierden el recato y, bajo los efectos del ponche, inician un tiroteo dentro del lugar que pronto se extiende a la calle; la balacera se transforma en machetazos que dejan como saldo un muerto. Mientras tanto, "el gobernador ni se movía, seguía de pie" (p. 159). La figura del gobernador se estatifica y no puede sino permanecer "impávido" ante los acontecimientos: "Hubieran visto al gobernador allí de pie, muy serio, con la cara fruncida, mirando hacia donde estaba el tumulto como queriendo calmarlo con su mirada" (p. 159).

El espectáculo final ya nadie lo contempla: el del gobernador convertido en estatua, impotente. Estatua que -como la de Juárez- a nadie importaba mayormente. Impotencia que, como en Pedro Páramo, (25) ya no puede controlar al pueblo, ahora que todo ha acabado con él. Y ya nadie lo contempla, porque al fin se rompe la distancia entre la comitiva y el pueblo, y se funden y confunden, inclusive el narrador/personaje, en un pleito que podrá ser controlado sólo por la repetición paródica del Himno Nacional. Tal vez se explique ahora el por qué de la alusión a los terceros. Este espectáculo final sólo puede ser percibido, en todas sus direcciones, por el lector.

Se vuelve entonces al punto original: la atención a las víctimas, aunque ahora se invita a preguntar ¿cuáles? "El pueblo derrumbado por el terremoto no se distingue bien del derrumbado por su propia miseria y su lucha de resistencia y ceguera. Por eso hubo que preguntar: '¿por cuáles víctimas pidió él que nos asilenciáramos?'". Y yo agrego entre las víctimas al gobernador como representante de la autoridad oficial. La fiesta continúa. Siguen bebiendo y cantando "las horas de luto", en correspondencia con esa vuelta hacia las víctimas.

3. Consideraciones finales

La fiesta, en este cuento, ha permitido y propiciado el proceso de desmitificación del principio de AUTORIDAD, en todos los sentidos:

1) Autoridad eclesiástica.

Antes de que inicie la fiesta, se hace mención al hecho de que "no existe ninguna iglesia", y que lo que queda de ella son "unas paredes cuarteadas que dicen fue la iglesia hace algo así como doscientos años" (p. 151). Este primer momento que toca un tipo de autoridad, pone de relieve que si bien la fiesta para el gobernador no ha comenzado, sí el juego del lenguaje irónico. Sin embargo, es evidente también que el dejarla fuera de la fiesta y el no hacer mención de ella durante la parodización, puede significar el deseo del autor de no meterse con ella.

2) Autoridad oficial.

El poder transgresor de la fiesta toma como blanco la figura del gobernador, representante del poder oficial. Se parodia tanto la figura del gobernador como su discurso demagógico. La palabra oficial pierde todo valor, estructural y significativamente. La fiesta permite también la desacralización de los símbolos patrios, como son el Himno Nacional, tocado en las mismas condiciones que la canción que se repetía cuando el ponche había hecho su efecto; y los héroes, los cuales dejan entrever la crítica a la Historia y a lo absurdo que resulta la celebración de las fiestas patrias sin tener conciencia de ellas.

3) Autoridad familiar.

El problema de la paternidad se denuncia con la ausencia del padre a causa de la fiesta. El narrador/personaje puede recordar la fecha exacta de la fiesta por medio de la fecha de nacimiento de su hijo. La fiesta absorbe en su ambiente al padre, el cual abandona a la madre a su suerte en el momento del parto. Padre-hijo, gobernador-pueblo, hijo y pueblo igualmente abandonados: "yo no había sido bueno ni para llamar a la comadrona y tuvo que salir del paso a como Dios le dio a entender" (p. 160). "El paternalismo estatal -dice Ruffinelli- es una forma del padre todopoderoso renuente a atender a sus hijos más necesitados [...] la paternidad está ausente desde el momento mismo del nacimiento. Y este olvido del padre permanece en los hijos como un estigma más poderoso que la simple orfandad" (26).

Así, pues, hay un cuestionamiento profundo de los símbolos nacionales, históricos y familiares, esto es, de los símbolos que conforman el ser del hombre. Jiménez de Báez señala que "la demagogia política distrae la atención del futuro, ya que el padre irónicamente abandona a la madre [...] a la hora precisa del nacimiento del hijo. [...] El reproche de la madre, evocado por el padre, cierra simbólicamente el cuento que ya ha mostrado la enajenación colectiva ante la historia" (27).

Hasta aquí mi lectura sobre la presencia de la fiesta en el texto de Juan Rulfo, y para concluir, las palabras de Fernando Benítez: "Yo creo, Juan, que no hubieras escrito Pedro Páramo ni el Llano en llamas si no existiera ese algo distinto y muy viejo de que me hablas. Es una atmósfera de magia, de misterio, de desdoblamientos que trasciende nuestra vida y le otorga su estilo propio. Tocamos algo sagrado, algo que entiende un artista y a lo que tú le has dado universalidad" (28).

NOTAS

1. "El día del derrumbe" se publica por primera vez en México en la Cultura 334 (14 agosto 1955, pp. 3 y 5). Aparece luego en Anuario Cuento Mexicano 1955 (INBA, México,1956, pp. 291-300); en La Cultura en México 400 (8 octubre 1969); en El Cuento (núm. 54, 1972, 145-150), y en la antología Crónicas de Latinoamérica, prólogo y notas de Ricardo Piglia (Joaquín Alvarez, Buenos Aires, 1968, pp. 13-24). Se incorpora al volumen El Llano en llamas, juntamente con "La herencia de Matilde Arcángel" en la 7a. ed. aumentada (FCE, México, 1970).

2.  En el año de 1972, Alberto Isaac escribió el guión y dirigió la película El rincón de las vírgenes, tomando como base los cuentos "Anacleto Morones" y "El día del derrumbe". Emilio Indio Fernández hizo el papel de Anacleto. La película resultó una comedia divertida. Cf. "Once pasos de Rulfo a través del cine", en Los murmullos. Antología periodística en torno a la muerte de Juan Rulfo, Alejandro Sandoval, Felipe de Jesús Hernández y Arturo Trejo Villafuerte (eds.), Katún, México, 1986, pp. 243-245. [Artículo publicado en El Universal, 9 enero 1986].

3.  Juan Rulfo, "¡Buenos días, España!", en Toda la obra, Claude Fell (coord.), UNESCO, Madrid, 1992, p. 404. [Prólogo a Juan Rulfo, Pedro Páramo. El Llano en llamas, Aguilar, Madrid, 1988, pp. 5-6, de donde fue tomado para la edición de UNESCO. Desconozco la fecha de escritura].

4. Juan Rulfo, El Llano en llamas, 3ª ed. revisada por el autor, FCE, México, 1992, p. 154. En adelante citaré sólo indicando la página entre paréntesis.

5.  El lugar del desastre es Tuzcacuexco. Es interesante la coincidencia de este pueblo con el que luego será Comala. Juan Rulfo publicó el fragmento que inicia Pedro Páramo bajo el título "Un cuento", y en esa primera versión decía: "Fui a Tuxcacuexco porque me dijeron que allá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". Las Letras Patrias, núm. 1, p. 104. Los cambios en la ortografía no afectan que se trate del mismo lugar y la coincidencia no deja de llamar la atención.

6.  Se pueden contar hasta veintiocho cambios en el entrecomillado de una edición a otra, según pude cotejar en el trabajo de edición del texto realizado por Sergio López Mena, "El día del derrumbe", establecimiento del texto y notas, en Toda la obra, op. cit., pp. 140-149.

7.  Cf. Marcel Mauss, "Los sistemas de cohesión social", en Sociedad y Ciencias Sociales, trad. Juan Antonio Matesanz, Barral Eds., Barcelona, 1972, p. 46.

8.  Carlos Monsiváis dice, "únicamente en dos cuentos actúa la ironía verbal como opuesta o complementaria a la ironía de las situaciones: "Anacleto Morones" y "El día del derrumbe". "Sí, tampoco los muertos retoñan, desgraciadamente", en Toda la obra, op. cit., p. 841.

9.  Situación muy semejante a la que se plantea con los indios que pagan la fiesta y luego se quedan sin ella en La feria, de Arreola.

10.  De igual manera señala Silvia Lorente-Murphy, "todo está tratado con una fuerte ironía, de la que el narrador no parece estar consciente, tratándose así de un juego entre el autor y el lector". Juan Rulfo: Realidad y mito de la Revolución Mexicana, Pliegos, Madrid, 1988, p. 36.

11.  "El pan y el vino [...] anulan todo temor y liberan el lenguaje". Mijaíl Bajtín, La cultura popular en la Edad Media y Renacimiento, trad. Julio Forcat y César Conroy, Barral Editores, Barcelona, 1971, p. 257.

12.  El ponche de granada aparece igualmente en los recuerdos de Arreola cuando se refiere también a la visita de unos especialistas. En Jalisco hay dos volcanes, dice Arreola, uno está apagado "pero el otro está vivo. En 1912 nos cubrió de cenizas y los viejos recuerdan con pavor esta leve experiencia pompeyana [...] Atraídos por el fenómeno, los geólogos vinieron a saludarnos, nos tomaron la temperatura y el pulso, les invitamos una copa de ponche de granada y nos tranquilizaron en plan científico: esta bomba que tenemos bajo la almohada puede estallar tal vez hoy en la noche o un día cualquiera dentro de los próximos diez mil años". Juan José Arreola, "Introducción", Confabulario (1952), Joaquín Mortiz, México, 1971, p. 7.

13.  Esta figura de la estatua será de gran importancia en la fase final de la fiesta, cuando el gobernador permanece estático frente a los acontecimientos que escapan a su control. También entra en relación con lo antes expuesto sobre la importancia del ver y con la presencia del gobernador que todo lo solucionaría.

14.  José María Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo. Losada, Buenos Aires, 1971, p. 15.

15.  Me refiero a comunidad, communitas, ámbito de vida en común, "sociedad en cuanto comitatus, comunidad, o incluso comunión, sin estructuras o rudimentariamente estructrada, y relativamente indiferenciada, de individuos iguales que se someten a la autoridad genérica de los que controlan el ritual", según señala Víctor Turner, El proceso ritual, trad. Beatriz García Ríos, Taurus, Madrid, 1988, p.103.

16.  López Mena señala, en la nota 12 a su edición de "El día del derrumbe", que el administrador del Timbre es el recaudador de impuestos. Op. cit., p. 149.

17.  Mijaíl Bajtín, op. cit., p. 165. Bajtín define sátira menipea como un género dialógico que surge del proceso de desintegración del diálogo socrático, pero cuyas "raíces se encuentran directamente en el folklore carnavalesco". Ibid., p. 159.

18.  En este acercamiento a los cambios tipográficos, tomo como base la edición del texto realizada por Sergio López Mena, op. cit.

19.  La parodia, según afirma Hutcheon, "efectúa una superposición de textos. En el nivel de su estructura formal, un texto paródico es la articulación de una síntesis, una incorporación de un texto parodiado (de segundo plano) en un texto parodiante, un engarce de lo viejo en lo nuevo. [...] la parodia representa a la vez la desviación de una norma literaria y la inclusión de esta norma como material interiorizado". Linda Hutcheon, "Ironía, sátira, parodia. Una aproximación pragmática a la ironía", trad. Pilar Hernández Cobos, en De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos), Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1992, p. 177.

20.  El tiempo presente se mantiene, desde este momento y hasta la muerte dentro del pleito, en todas las voces que actualizan tales sucesos.

21.  A estas alturas de la parodización, no puedo menos que pensar, tal vez atrevidamente, en que en esta frase se hace burla de una de las causas de las dictaduras. Si el gobernador en verdad cumple su palabra y no termina su regencia hasta que cumpla sus promesas, eso implica que se mantendrá en el poder por tiempo indefinido.

22.  El hecho de que sea general, tampoco me parece gratuito. Rulfo habla de ellos en no muy buenos términos: "Desde la época del Gral. Obregón cuando se inició el descabezadero, él formuló una frase famosa: No hay general que resista un cañonazo de 50 mil pesos. Claro que ahora se los dan por millones; pero los tienen quietos mediante la corrupción. De otro modo, en este país proliferarían los generales, ya que después de la Revolución llegó a haber más generales que soldados. Así, se les dio a escoger: el poder o la riqueza. Quien quería ambas cosas lo asesinaban, hasta convencerlos de que era mejor vivir tranquilos y ricos a enfrentar los difíciles problemas de un gobernante". Juan Rulfo, "Discurso de Rulfo en el homenaje a Quiroga Santa Cruz", en Rulfo en Llamas, Universidad de Guadalajara-Proceso, México, 1988, p. 94. Por otra parte, el hecho de que el gobernador sea general es un posible indicio de la cercanía de los sucesos que narra este cuento con la época posrevolucionaria.

23.  "Le carnaval, la fête et le jeu sont trois notions corrélatives et interréférencielles car il n'y a pas de carnaval sans fête et il n'y pas de fête sans jeu". Wladimir Krysinski, "Variations sur Bakhtine et les limites du carnaval", en La fête en question, Karin r. Gürttler y Monique Sarfati-Arnaud (eds.), Universidad de Montreal, Montreal, 1980, p. 133.

24.  Si bien la voz de Melitón sirve de mediación para la primera parte del discurso, luego deja paso a otra voz de autoridad. Un indicio que podría servir de argumentación (además del trabajo que de suyo hacen las comillas) es que resulta contradictorio que Melitón pueda recordar dos discursos (el omitido y el actualizado) y no una fecha. Por otra parte, si ha sido capaz de repetir palabras tan ampulosas, ¿cómo puede equivocarse en una palabra como "efipoco"? Como quiera que sea, Melitón es el mismo de "Nos han dado la tierra" que se enfrenta, junto con otros campesinos, a una autoridad que les niega el derecho a hablar. Aunque en un tiempo fue miembro del sector gobernante, ahora se identifica con el pueblo. Melitón, expresidente municipal, es quien introduce la voz del gobernador. El resultado es: autoridad local versus autoridad superior y foránea.

25.  Es significativa la semejanza entre estas figuras de estatua y el estado final de la figura de Pedro Páramo: el cacique convertido en piedra y deshecho en pedazos. Me parece de suma importancia señalar que, en Pedro Páramo, esto ocurre cuando la fiesta que se inicia luego de la muerte de Susana San Juan ha concluido.

26.  Jorge, Ruffinelli, El lugar de Rulfo y otros ensayos, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1988, p. 21.

27.  Yvette Jiménez de Báez, "Historia y sentido en la obra de Juan Rulfo", en Toda la obra, op. cit., p. 604.

28.  Fernando Benitez y Juan Rulfo, "Los mexicanos indígenas", en Rulfo en Llamas, op. cit.


Regresar Sincronía Otoño 2000

Regresar Sincronía Indice General